¿A qué factores debe atribuirse la creciente delincuencia, esa verdadera marea de actos delictivos de todo tipo que en los últimos años se ha precipitado sobre nuestro país?

Atacando incluso el Código Penal, algunos expertos acusan: los delincuentes ¿no son tratados con el vigor que sus actos antisociales merecen? Muchos entendidos sobre el tema no han vacilado en condenar con severos términos la glorificación y explotación del crimen y la sangre que se exhiben en cines y televisión, inclusive en dibujos animados. Por si fuera poco se puede lograr con la técnica moderna al alcance de todos, cómo se debe fabricar una bomba o armas de fuego caseras. Es lógico que nos preocupemos por la contaminación ambiental que podría provocar una industria cuando no está debidamente controlada; pero todos estos actos de violencia, ¿no "’contaminan” de alguna manera la atmósfera? ¿No estamos "’Aspirando” cotidianamente violencia?

Si reflexionamos lo que nos está ocurriendo, llegamos a un extremo tal que si hemos sido víctimas de un robo, asalto a mano armada afuera o en el interior de nuestro domicilio resultando indemnes de que nos hayan golpeado, provocándonos heridas o incluso nos maten como sucede a menudo, nos estamos acostumbrando a decir: "’Y bueno, gracias a Dios que no nos hicieron nada” o "’Menos mal que no nos lastimaron”. Esa natural y lógica resignación ha engendrado en nuestra sociedad un triste y dramático conformismo.

Se debiera buscar la manera para que niños de corta edad no sean continuamente receptores con escenas de sexo y violencia que terminan por deformar su personalidad peligrando su futuro. He contado 423 muertes por distintos argumentos (asaltos a mano armada, peleas, tumultos, actos de terrorismo, etc.) en diferentes películas solamente en dos canales de televisión en menos de una semana. Se requiere la colaboración de psiquiatras, sociólogos y una legislación estricta que prohiba la exaltación de la violencia y fomente la conducción de jóvenes hacia sanas formas de esparcimiento, pero también demostrar que cualquier acto delictivo será inexorablemente castigado. Según especialistas reunidos recientemente en Francia, si un acto de violencia no es reprimido con suficiente severidad, ese acto será invariablemente repetido. Lo realmente peligroso es que se acepte y tolere la violencia como parte de nuestra forma de vida en lugar de rechazarla de plano y nos acostumbremos a ella, poniendo en duda si el camino recto es a la postre, el único que debemos tomar.

(*) Escritor.