Aumentar el gasto público podría ayudar a reactivar la actividad económica tras el derrumbamiento de la economía mundial más brusco y profundo de la historia contemporánea ocasionado por la pandemia, además de que podría ser un elemento para crear millones de puestos de trabajo directos en el corto plazo y millones más de forma indirecta en el largo plazo, previó el Fondo Monetario Internacional (FMI). 

En un mensaje previo a la próxima presentación del Monitor Fiscal que hará el 14 de octubre, el organismo internacional consideró que incrementar la inversión pública en el 1% del Producto Interno Bruto (PIB) puede impulsar el crecimiento en 2,7%, la inversión privada en 10% y el empleo en 1,2% "si las inversiones son de alta calidad y si la actual carga de la deuda pública y privada no menoscaba la respuesta del sector privado a estos estímulos". 

Entre uno de los importantes beneficios que hoy en día pueden aprovechar los países, mencionó el FMI, es el "bajo nivel de las tasas de interés en todo el mundo", señal de que es un buen momento para invertir. 

La inversión pública es un componente muy poderoso de los programas de estímulo destinados a limitar las repercusiones económicas de la pandemia. 

"El nivel de ahorro es elevado, el sector privado se mantiene a la espera y hay muchas personas desempleadas que pueden ocupar los puestos de trabajo que se creen gracias a la inversión pública. La inversión privada es muy escasa, debido a la fuerte incertidumbre acerca del futuro de la pandemia y las perspectivas económicas. Por lo tanto, en muchos países ha llegado la hora de acometer inversiones públicas de alta calidad en proyectos prioritarios, lo que puede hacerse endeudándose a un costo reducido", observó. 

El FMI considera que los proyectos de inversión pública también pueden estimular la inversión privada de una forma más directa. Por ejemplo, mencionó a las inversiones en comunicaciones digitales, electrificación o infraestructuras de transporte posibilitan el surgimiento de nuevas empresas. 

De acuerdo con lo analizado, el FMI dijo que las inversiones en sanidad y otros servicios sociales están asociadas con notables incrementos de la inversión privada en un horizonte temporal de un año. 

Asimismo, aconseja que es oportuno comenzar a reconsiderar y reanudar proyectos viables que debido a la pandemia se vieron obligadas a retrasarse. 

De acuerdo con lo previsto por el FMI, las naciones más pobres, de manera especialmente en el contexto de los Objetivos de Desarrollo de Sostenible para 2030, son las que necesitarán mayor ayuda financiera de la comunidad internacional, recursos que en gran medida deberán invertir en la adaptación al cambio climático, sobre todo en los países susceptibles a inundaciones y sequías, si bien recordó que la ayuda oficial en 2018 ascendió a 10 mil millones de dólares, consideró que estos recursos se quedan cortos frente a los 25 mil millones de dólares de inversión que necesitan anualmente las economías de bajo ingreso. 

Finalmente, el FMI recalca que la inversión pública es un componente muy poderoso de los programas de estímulo destinados a limitar las repercusiones económicas de la pandemia. Incluso mientras continúan salvando vidas y los medios de subsistencia de los ciudadanos, los países pueden ir sentando los cimientos de una economía más resiliente si invierten en actividades muy productivas, generadoras de empleo y más verdes. 

 

Por Sonia Domínguez Ramírez 
Periodista