Domingo Faustino Sarmiento tuvo una vida plural, un espíritu universal vigoroso y su original personalidad ofrece facetas numerosas que son los historiadores los encargados de darnos el perfil certero del Sarmiento educador, sociólogo, escritor, periodista, político, estadista, diplomático, intelectual y polemista, que hoy queremos destacar al recordarse un aniversario más de su natalicio.
Su valor está en su ser total, en el hombre que se expresa, no por uno de esos cauces sino con la esencia de su espiritualidad. Por eso quizás se ha dicho que lo original en Sarmiento no es sólo su pensamiento y su obra, sino el hombre, el ser humano.
Sarmiento íntimo encarna la argentinidad con proyección americana y universal. El privilegio de sentir el recuerdo aromado de quien habitó en instantes supremos su casa natal junto a su laboriosa madre y hermanas, nos induce al acercamiento de sus confesiones y confidencias en la obra literaria en la que nos ha certificado la aptitud para la vida superior como hombres. De ahí que esas revelaciones en sus escritos literarios constituyan nuestra identidad espiritual.
Cómo no reconocer que el hijo pródigo de San Juan se enriqueció intelectualmente en la soledad del destierro; cómo no recordar que bebía el saber universal en sus largos viajes solamente con la compañía de su profunda pena de sentir que su patria estaba esclavizada con la opresión; y, la herida sangrante por la ausencia obligada de sus hijos pensantes, que a pesar del exilio, luchaban por la libertad y la verdad. Tal vez por esta dolorosa experiencia, la civilización se había convertido en Sarmiento una obsesión y porque desde el fondo de su corazón, él sentía que iba a fundarla.
Cuando uno consulta su riquísima bibliografía descubre una indiscutible creación estética pero también su arsenal polémico enriquecido con su talento, su valentía y su sed de justicia.
Pero el hombre tan fuerte que fue Sarmiento, también era capaz de una profunda emoción y vibración como da evidencia en "’Recuerdos de Provincia” cuando dice: "’He evocado mis reminiscencias; he resucitado, por decirlo así, la memoria de mis deudos que subieron alto en la jerarquía de la iglesia, y honraron con su trabajo las letras americanas; he querido apegarme a mi provincia, al humilde hogar donde he nacido, débiles tablas que en el desamparo se hacen a los náufragos, pero que me dejan advertir a mí mismo que los sentimientos morales, nobles y delicados, existen en mí por los que gozo encontrarlos en torno a mí a través de los que me precedieron, en mi madre, en mis maestros, en mis amigos”.
"’He querido apegarme a mi provincia”, se convierte en una certera instalación existencial. Siempre fue un provinciano que llevaba en su sangre y en su cultura la tradición del país interior. El Sarmiento de lengua provinciana estuvo apegado a ese fondo de tradición histórica en que brillan valores que están en la raíz de su contextura espiritual.
El terruño, la pequeña porción de geografía del propio hogar, sirvió de inspiración para nutrir la nostalgia del escritor. Lo biográfico y autobiográfico se une a consideraciones y reflexiones en un libro de imágenes, retratos, magníficas descripciones y remembranzas. Cómo no recordar, que desde esta tierra sanjuanina, Sarmiento defendió a la Nación poniendo en juego su vida para que no fuera sojuzgada por la tiranía.
Sarmiento alzó ante la política hegemónica, trazando la imagen de la Argentina profunda, amante de la libertad y de la dignidad de la persona expresada y defendida con indomable energía moral, tan necesaria cuando los cimientos de la nacionalidad son amenazados por la inseguridad o la decadencia cívica.
Sarmiento ha cumplido una misión irreemplazable porque la Nación constituyó la entraña de su ser y el programa de su vida. Por eso este hombre, sin reposo, es y será siendo una vida humana que arde y crece continuamente para reafirmarse después sin dejarse vencer por el desaliento y abatimiento.
Nos ha legado su optimismo apasionante a pesar de los obstáculos. Por ello y consciente de la soledad del incomprendido y del burlado; y, sin embargo en lucha para servir a su patria, debemos recordarlo con el compromiso de conocerlo cada vez mejor y rendirle culto por su conmovedora sensibilidad de haber consagrado el legado de su amor incondicional a su madre Doña Paula Albarracín de Sarmiento inmortalizándola en "’Recuerdos de Provincia”, libro revelador en el que permanecen intactas las biografías de su entorno, la defensa de su honor, la imagen interior del autor, las costumbres provincianas y la intimidad más preciosa de su casa natal.
"’La biografía -escribió en estos "’Recuerdos”- es la tela más adecuada para estampar las buenas ideas; ejerce él que la escribe una especie de judicatura, castigando el vicio triunfante alentando la virtud oscurecida. Hay en ella algo de las bellas artes, que de un trazo de mármol bruto pueden legar a la posterioridad una estatua”.
(*) Docente de Nivel Inicial.
