A poco más de diez días de la manifestación denominada "ni una menos” contra la violencia de género, que reunió a miles de personas en todo el país, el martes último, en la ciudad de Caucete, un centenar de personas volvió a marchar ante un caso de agresión por parte de un hombre a su joven pareja, que le asestó 17 puñaladas dejándola en grave estado.

Las consignas volvieron a ser "basta de violencia” y "queremos justicia”, dentro de un clamor popular que no cesa y que ve en los numerosos casos de agresiones, que a diario se registran, la necesidad de que las autoridades legislativas y de los demás poderes del Estado instrumenten, en forma urgente, las medidas que contribuyan a reducir los índices de ataques que se están denunciando.

La marcha caucetera fue vista como reiterativa si se considera que el reclamo es el mismo de hace poco más de dos semanas, pero la indignación de la gente se renueva en la medida que los casos no cesan y se siguen sucediendo, sin que se efectivicen las medidas con las que se tienen que desalentar estas acciones.

Si bien es cierto que hacen falta ajustar algunas normas para que la policía y la justicia puedan actuar más efectivamente en casos de violencia doméstica o de género, también corresponde que toda la comunidad y, particularmente los padres se involucren un poco más en los problemas de sus hijos o de personas allegadas o conocidas que están sufriendo el flagelo.

La violencia en ámbitos de la familia o de relaciones sociales es fácilmente advertida y aunque las víctimas, muchas veces, no se animan a denunciarla, corresponde a quienes forman parte de su entorno acudir a la policía o los organismos pertinentes para dar a conocer estas situaciones.