La denodada actividad papal en favor de los marginados por las guerras y la inequidad social, ha impulsado a reformar la estructura del Gobierno de la Santa Sede para agilizar y simplificar el trabajo social en una crisis humanitaria sin precedentes. Bergoglio creó un dicasterio -los ministerios que conforman su gobierno- reagrupando las áreas de Justicia y Paz, Inmigrantes, Solidaridad y Sanidad en el organismo ‘Servicio del Desarrollo Humano e Integral” que comenzará a funcionar el 1 de enero próximo.

Pero Francisco, conocedor del drama no va a esperar cuatro meses para que comience a actuar el dicasterio y de ‘motu proprio”, la carta apostólica explica que el propio pontífice se encargará temporalmente de todo lo relativo a la inmigración. Estará ‘ad tempus’ bajo la guía de Bergoglio, en los modos que considere oportuno, es decir se ocupará personalmente de uno de los temas que más le preocupan y viene priorizando en su pontificado.

La cuestión es tan amplia que junto a los problemas migratorios, intervendrá directamente en ayuda de los necesitados, los enfermos y los excluidos, los marginados y las víctimas de los conflictos armados y de las catástrofes naturales, los encarcelados, los desempleados y las víctimas de cualquier forma de esclavitud y de tortura, según la comunicación oficial.

Esta crisis también nos toca: la OIT dice que los migrantes latinoamericanos subieron de 3,2 a 4,3 millones en los últimos cinco años y los corredores migratorios deben ser abordados con urgencia. El protagonismo latinoamericano alcanza a 45 millones de migrantes en EEUU, mientras 1,3 millones de extranjeros que residen en España provienen de América del Sur.