Las agencias de evaluación financiera, con sus rebajas o subas de calificación, que durante años marcaron el ritmo de los mercados con sus análisis u opinión, pasaron del marco estricto del mundo de las finanzas para reflejar la realidad de Europa ante la opinión pública en general. Estas agencias cuyas notas y calificaciones son destacados titulares de la prensa mundial, no sólo son tomadas con respeto por economistas y gobernantes, sino que sus referencias influyen notoriamente en las subas o bajas de las bolsas, a través del premio que siempre otorga una buena nota porque eleva la estima, como así también las bajas notas cuyas observaciones ayudan y sirven para que las administraciones sancionadas puedan sostenerse o cambiar rumbos.

Esta labor ha ido prestigiando el crédito de estas agencias, cuya nota sobresaliente se distingue con la letra A y que favorece a 15 países ricos y solventes coronados con tres AAA. La nota superlativa, desde hace muchos años recae en los Estados Unidos, el Reino Unido, Francia (hoy cuestionada) y Alemania entre otros. Por ejemplo, las tres A son los galones con los que acuden a los mercados financieros los responsables del Tesoro de un club de países cada vez más selecto: los que garantizan totalmente que que pagarán sus deudas.

Básicamente, se clasifican los bonos, no sólo del gobierno sino pagarés corporativos y de esta manera evalúan la probabilidad de incumplimiento. Por este tema la España emblema de una clásica Europa estuvo en el ojo de la tormenta y Grecia de la eurozona, directamente, sucumbió. Son ejemplos de países definidos en tal consideración que reflejan el alcance e influencia política que tienen las decisiones de las agencias calificadoras.