Distintas entidades vinculadas al empleo, incluyendo a la dirección regional de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para América latina y Caribe, han alertado a los diferentes gobiernos de la región sobre el aumento de la informalidad laboral que en algunos países alcanza hasta el 60% de la población económicamente activa. En esta parte del continente existen muchas microempresas con bajísima productividad y por ello concentran un alto porcentaje de la pobreza crónica.
La situación de los mercados laborales latinoamericanos presenta grandes brechas, aunque se deben reconocer los avances hacia el blanqueo del trabajo en las últimas décadas, aunque todavía las brechas son amplias. El deterioro de los indicadores del mercado laboral refleja la caída de la demanda de productos y de precios internacionales por el freno del mercado chino y de otras naciones emergentes que habían potenciado las compras de materias primas en nuestra región.
El trabajador no registrado generalmente tiene ocupaciones de precarias, con salarios bajos, largas jornadas, falta de acceso a oportunidades de capacitación, al crédito e impedimentos para llegar al sistema previsional y al de protección social, incluyendo la atención de las aseguradoras de riesgos de trabajo. Estas condiciones lo llevan a ubicarlo, junto a su familia, en una situación de vulnerabilidad que requiere políticas de Estado estructurales atadas a las estratégicas de desarrollo de cada nación.
En el caso particular latinoamericano, la expansión de la actividad económica pronosticada para este año por la Cepal, por ejemplo, será menor con un 1% promedio, lo que impediría revertir el proceso informalidad laboral.
