Si discriminar es "seleccionar excluyendo" toda nuestra vida la vivimos discriminando a cada rato. Al elegir una profesión optamos según nuestra vocación, conveniencia o posibilidad y excluimos al resto de carreras; cuando nos enamoramos elegimos a una persona y desechamos a las otras y así en muchas ocasiones estamos permanentemente eligiendo y renunciando al mismo tiempo. Esta es una particularidad de la libertad humana qué nos da identidad, nos personaliza, nos hace singulares, únicos e irrepetibles y esto es muy bueno para nosotros y toda la sociedad. En este sentido la discriminación es positiva porqué nos permite elegir un camino determinado para cada situación.

"En un país en el que, según datos el INDEC, 6 de cada 10 chicos son pobres el desafío de la inclusión digital y la conectividad se convierte en un tema prioritario mirando el desarrollo futuro del país.

También se entiende por discriminación cuando se da un trato desigual a una persona, grupo o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, de sexo, de edad, de condición física o mental, etc.

Lamentablemente y a pesar de tantos esfuerzos que venimos haciendo como sociedad para superarla, este es uno de los grandes males de nuestra sociedad. 

En los últimos 15 años se ha asociado este tipo de discriminación con aquello que quita derechos y no respeta la libre elección de algunas personas.

Es fácil identificar la discriminación frente a las dificultades que sufren las personas discapacitadas, no solo para transitar independientemente por nuestras ciudades, sino para conseguir trabajo y realizarse libremente como seres humanos. Del mismo modo es evidente la discriminación frente a los que piensan distinto y "la grieta” que han generado los políticos entre los argentinos, es la más clara manifestación de este mal contemporáneo. También se discrimina a la mujer en sociedades machistas como la nuestra y a muchas personas por su orientación sexual o identidad de género. En todos estos casos, la discriminación es muy negativa para la convivencia pero, afortunadamente, se promueven leyes y estructuras para evitarlas como el ministerio de la mujer o el INADI, las iniciativas privadas a favor de la inclusión y hasta se ha instituido un Premio Nacional a la Gestión de la Igualdad de Género, Diversidad y Cuidados para las organizaciones que promueven políticas para la no discriminación y además, la buena noticia es que las jóvenes generaciones tienen una mayor conciencia del desafío de la inclusión.

Hay sin embargo otra discriminación que se está produciendo silenciosamente y casi sin que nos demos cuenta, y no hay ni leyes ni estructuras para evitarla: es la discriminación digital. En un país en donde, según datos el INDEC, 6 de cada 10 chicos son pobres (una década atrás eran 2 de cada 10), el desafío de la inclusión digital y la conectividad se convierte en un tema prioritario mirando el desarrollo futuro del país y de su gente.

La discriminación que promueve la falta de acceso a la tecnología se evidenció fuertemente durante la pandemia entre los sectores más vulnerables, tanto en el ámbito laboral como en el educativo. Y este problema se agudizará hacia un futuro fuertemente influido por la tecnología que potenciará este tipo de discriminación.

Estoy convencido que la conectividad y la digitalización deberían agregarse a la lista de los "derechos humanos”.

Por eso, es necesario que nos preguntemos: ¿Qué acciones se deben implementar en nuestro país para evitar esta discriminación digital? ¿Cuál es la responsabilidad de los políticos en la solución del problema? ¿Cómo puedo comprometerme para ser parte de la solución?

 

Gustavo Carlos Mangisch 
Director de Innovación y Calidad en Educación del Espacio Excelencia y de la Maestría en Nuevas Tecnologías (UCCuyo).
Con la colaboración del maestrando Fernando Baggio