El titular de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, Adelmo Gabbi, criticó ante la presidenta de la Nación, la asfixia de los controles que padece la economía, en oportunidad del reciente acto de cancelación del Boden 2012, tras lo cual habló Cristina Fernández de Kirchner.
Pese a especulaciones sobre algún anuncio que reflejara algún cambio en la política económica, solo se refirió al aumento de la jubilación y al crecimiento de la recaudación y del comercio exterior. Pero nada sobre mayor flexibilización cambiaria ni de los controles a las importaciones, como quería la UIA, ni de aumentos de las retenciones, como temía el campo. En rigor, es falso que el Estado esté desendeudándose. La deuda pública nacional creció en los últimos tres años unos 31.800 millones de dólares y cualquier comparación con el crecimiento del PBI es ilusoria debido al retraso del tipo de cambio oficial. El endeudamiento externo fue reemplazado por el interno con entes públicos como el Banco Central y la Anses.
Puede ser que el Gobierno considere que la independencia del Estado crezca luego de pagar el Boden, pero definitivamente la de los ciudadanos disminuye porque cada vez se los controla más. Para comprar dólares, hay que pedir permiso y explicar dónde va; para comprar viviendas, se debe justificar de dónde viene el dinero; y si se vende, aclarar a dónde irán los fondos.
Hay que explicar para qué se quiere importar y, con la ley de energía, el Gobierno decide cuánto es una rentabilidad razonable para una empresa, y si quiere invertir se debe explicar en qué y para qué. Lo real es que cada vez hay menos independencia económica individual.
Este momento no es para festejar, sino para reflexionar. Las sociedades modernas crecen cuando son más libres y más independientes, donde son responsables de sus actitudes, beneficiarios de lo bueno, perjudicados en lo malo, pero tratados como adultos y ciudadanos. Se tergiversan todas las reglas económicas que exigen decisiones múltiples y oportunas, cuando la ciudadanía debe justificar cada uno de sus actos.
Entonces la independencia económica que deberíamos celebrar ahora tendría que ser de los ciudadanos, no de la mayor libertad que se atribuyen los funcionarios.
