Mientras en varios países se polemiza sobre la función que desarrollan los medios audiovisuales oficiales, en general acusados de ser meros órganos propagandísticos del gobierno, según línea de sus programaciones, existe un modelo ejemplar de ente público autónomo televisivo.

La British Broadcasting Corporation (Corporación Británica de Radiodifusión), más conocida como BBC, con sede en Londres, es el mayor grupo de comunicación del mundo, establecido en 1922 por un Decreto Real que garantiza su independencia del control comercial y político. Es decir, por estructura operativa, la BBC es inmune a las influencias políticas que pudieran afectarla -más si son del oficialismo circunstancial- y de las presiones comerciales para torcer el rumbo de sus normas informativas.

Esta organización periodística, que ha sufrido embates por su imparcialidad y hasta se ha enfrentado con diferentes gobiernos británicos con duras críticas, como observarle a Londres el absurdo de sumarse a la coalición que invadió a Irak tras las armas de destrucción masiva que jamás aparecieron, es también pionera en la historia de las emisiones de TV. La BBC ayer cumplió 75 años de poner en marcha la primera programación televisiva diaria, el 2 de noviembre de 1936 que sólo vieron 400 personas, y tras un paréntesis durante la II Guerra Mundial, ha seguido avanzando en tecnología y estrategia comunicacional, de manera de adaptarse a la evolución de los tiempos y hacer frente a cadenas privadas altamente competitivas, hasta ser considerada ahora como la mejor televisión del mundo.

El sistema financiero es también clave, ya que si bien la BBC depende del erario, mediante una tasa que pagan los abonados, la cadena pública ofrece servicios a terceros para producciones especiales, venta de programas y formatos, publicación de revistas y libros y por el alquiler de sus estudios. Es la televisión estatal sustentable en lo económico y sólo comprometida con un mensaje diferenciado, ya que tiene dos programaciones: una doméstica -que no ven los británicos- y otra de alcance internacional, esta última con enfoques globales sobre la posición de una nación sin entrar en la propaganda política o gubernativa dictada por los funcionarios políticos.

Es, en definitiva, un modelo de televisión pública que no tienen en cuenta varias naciones democráticas que se precian de tener medios periodísticos independientes, o de facilitar la libre expresión de las ideas, pero alientan la TV del mensaje ideológico o comprometido con los lineamientos del gobierno.