El gasto público en nuestro país sigue aumentado sin que se observe como contrapartida más seguridad, mejor educación o salud, es decir la inversión destinada a lograr mayor capacidad productiva y calidad de vida. Por el contrario, los mayores aumentos del gasto público están relacionados con los diversos planes sociales, que reflejan el escaso éxito que ha tenido la política económica para combatir la pobreza, la indigencia y la desocupación.

Si el Gobierno nacional constantemente lanza nuevos planes sociales, es porque el modelo económico no ha permitido que se hayan generado nuevos puestos de trabajo y mejores remuneraciones. No puede calificarse a estos crecientes planes sociales como un éxito, porque la política salarial, la presión impositiva y la falta de inversión extranjera impiden disminuir el trabajo en negro. Es decir, que si no consideramos que la mejor política social es aquella que permite progresar gracias al trabajo que demanda la mayor inversión, no se lograrán objetivos reales.

Actualmente, la presión impositiva medida contra el PBI es 10 puntos más alta. Incrementos en los derechos de exportación o el no ajuste por inflación en los balances, haciendo que se pague ganancias sobre utilidades que no existen, son algunos de los elementos que pueden citarse sobre el aumento de la carga tributaria. Pero como esta presión impositiva tampoco alcanzó, primero se confiscaron ahorros del sistema de capitalización previsional bajo el argumento de la solidaridad, luego se echó mano a las reservas del Banco Central y ahora, con mayor intensidad, se aplica el impuesto inflacionario.

Lo que esperan los argentinos es un fuerte impulso a la producción, la eliminación de las trabas a la exportación y que progresivamente desaparezcan los subsidios o los aportes encubiertos que desfiguran la realidad. En cuanto a la disciplina monetaria, la tasa de expansión monetaria del 25% anual no es justamente un ejemplo de defensa del peso. La inflación, que el Gobierno se niega darle transparencia y credibilidad, y relacionarla con la tasa que sustenta la oferta de bienes y servicios.

Es fácil pensar en la prosperidad que podríamos tener si combinados con condiciones internacionales favorables, al mismo tiempo tuviésemos disciplina fiscal y monetaria.