Desde su fundación, en 1958, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) es la columna vertebral del desarrollo de la producción agropecuaria y de la agroindustria, con un crecimiento contabilizado en los aportes que realiza al sector rural y a la sociedad en general. Por ser un área eminentemente técnica, la gestión operativa de las políticas de investigación y desarrollo tienen continuidad y de allí el éxito tanto en el ámbito agroalimentario y de sustentabilidad ambiental en el campo productivo y también en la promoción social rural.
La semana pasada, el INTA dio a conocer los resultados de sus inversiones, que sumaron 1.470 millones de dólares anuales al valor de la producción, a través de más de 300 programas de tecnología aplicada para mejorar los rindes, donde Argentina dio un salto cuantitativo en volúmenes cosechados, desde hace más de medio siglo, potenciando de manera significativa las exportaciones agropecuarias. De acuerdo a lo señalado por el presidente del organismo, Carlos Casamiquela, sólo con la aplicación del Proyecto de Eficiencia de Cosecha, Postcosecha de Granos y Agroindustria en Origen (Precop) que representan 460 millones de dólares anuales, se pagan dos presupuestos del INTA, que rondan los 250 millones de dólares.
La tesonera labor del INTA cuenta en su haber el descubrimiento de la vacuna antiaftosa oleosa (por Scholein Rivenson a mediados de la década del 70), pilar fundamental para posicionar a la Argentina en exportación de carnes. Se suma el
Programa Prohuerta, de 620.000 huertas familiares que abastecen el 72% de la dieta diaria de minerales y de vitaminas a 3,5 millones de personas. Por su parte la Unidad de Agricultura Urbana y Periurbana abarca 42 municipios del Gran Buenos Aires y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 1.800.000 hectáreas, que beneficia a 13 millones de habitantes.
En cuanto a sustentabilidad, ha confección todos los mapas de suelo del país, dando lugar a las prácticas conservacionistas, como la siembra directa y los trabajos en la lucha contra la desertificación. También lucha contra el dengue mediante un larvicida biológico que corta el ciclo de la enfermedad, el que se está transfiriendo a la actividad privada. Pero hay numerosos logros imposibles de detallar en este espacio.
Lo importante es fortalecer los presupuestos y la independencia profesional para resguardar el valor científico de las investigaciones y que la continuidad del INTA esté exenta de manipulación política. Se trata de un ente altamente calificado, no de una repartición oficial más.
