No estoy en contra del creciente movimiento en Washington para flexibilizar las restricciones al turismo norteamericano a Cuba, pero la razón que se esgrime para hacerlo -que una avalancha de turistas estadounidenses producirá cambios democráticos en la isla- es un poco tirada por los pelos.
La semana pasada, más de 20 senadores presentaron un proyecto de ley que permitiría a los estadounidenses visitar la isla sin restricciones. La ley fue respaldada por una coalición inusualmente diversa, incluyendo la Cámara de Comercio de Estados Unidos y Human Rights Watch. En la Casa Blanca, en tanto, se especula que el presidente Barack Obama anunciará nuevas iniciativas para flexibilizar las prohibiciones de viajar a Cuba, antes de la Cumbre de las Américas que se realizará el 17 de abril en Trinidad y Tobago. Obama ya cumplió una promesa de campaña al abolir algunas restricciones a los viajes familiares, impuestas por el Gobierno de George W. Bush.
Pero las aseveraciones de que una oleada de turistas norteamericanos aceleraría una apertura política de la isla son un tanto fantasiosas. "El turismo nunca ha derrocado a un régimen totalitario en ningún caso de la historia", dice James Cason, ex encargado de la Sección de Intereses Estadounidenses en Cuba, y director del Centro por una Cuba Libre. "Ningún estudio realizado en Europa del Este o en la ex Unión Soviética demuestra que el turismo haya tenido algo que ver con el final del comunismo. Radio Europa Libre, si tuvo que ver".
Cason y otros escépticos citan varias razones: La dictadura cubana penaliza la interacción de los cubanos comunes con los extranjeros. Según la Ley 80 cubana, de 1999, es un delito que un cubano acepte publicaciones de manos de un visitante extranjero, y un memorándum que el Ministerio de Turismo envió a los trabajadores de hoteles en 2004 les prohibe interactuar con extranjeros fuera de sus lugares de trabajo.
Todos los turistas extranjeros se alojan en Cuba en hoteles de sitios aislados, y tienen poco contacto con personas que no trabajan en el sector turístico. De los 103 hoteles cubanos de cuatro o cinco estrellas, el 67% se ubica en zonas remotas como Cayo Coco y sólo el 19% en La Habana. En la última década, más de 15 millones de turistas canadienses, europeos y latinoamericanos han visitado Cuba, sin un efecto visible sobre el sistema totalitario de la isla.
Mi opinión: Obama debería cumplir con su promesa de campaña y liberalizar los viajes familiares y las restricciones a las remesas de los cubano-estadounidenses a la isla. También abolir las restricciones a los intercambios académicos, cosas que están a su alcance. El Congreso, a su vez, debería eliminar todas las trabas que quedan a las visitas familiares, y tal vez eliminar por completo la prohibición que pesa sobre el resto de los turistas estadounidenses.
Pero eso debería hacerse sobre la base del derecho de los estadounidenses a viajar libremente adonde quieran, y en conjunto con una ofensiva diplomática de EEUU para presionar a Cuba a fin de que permita libertades básicas como la libertad de expresión y las libertades políticas. No sobre la falsa suposición de que una ola de turistas norteamericanos despertaría una fiebre democrática en la isla.
En la Cumbre de las Américas, Obama debería decirles a los líderes que le pidan normalizar totalmente las relaciones con Cuba: "Estoy dispuesto a discutirlo, pero sólo si ustedes están dispuestos a cumplir con los acuerdos hemisféricos que exigen la defensa colectiva de la democracia en cualquier lugar de la región, incluyendo Cuba".
Muchos países importantes de Latinoamérica, incluyendo a Brasil, se hacen los ciegos ante la Carta Democrática Interamericana de 2001 y otros acuerdos regionales que exigen respeto por los derechos fundamentales en cualquier parte del hemisferio en que sean violados. Al actuar de esa manera, no sólo perjudican la causa de los derechos fundamentales en Cuba, sino que sientan un mal precedente para la defensa de sus propias democracias.
"POCOS estadounidenses hablan bien el español como para entablar una charla política con cubanos de la calle, y es dudoso que muchos de ellos quieran esa clase de diálogo."
