San Juan ostenta una variedad de personajes, todos con su impronta local, manifestados por una serie de rasgos culturales, entre los que se destaca su idiosincrasia o su naturaleza social y humana. Eva Pastén, aunque de origen chileno, representa esta categoría. Fue conocida como la "huasa Eva" regionalismo trasandino, equivalente a nuestro gaucho. Esta mujer, junto al hermoso sitio donde vivió dichosa, se conjugan intrínsecamente, para aseverar una vez más, aquello que dijo con fundamento, el filósofo español José Ortega y Gasset, que el hombre es producto de su paisaje, entorno o circunstancia. Hablar de la "huasa Eva", es hablar necesariamente de El Palque, paradisiaco sitio zondino, a poca distancia de Pachaco y por ende de Calingasta. Este punto, hoy aislado por las megas construcciones hidráulicas emprendidas, está como insertado tierra adentro.

Por la antigua ruta que nos unía a Calingasta, se encontraba a 90 km de la ciudad capital. El sitio en cuestión posee un microclima especial, que lo hace apto para cultivar y para criar animales o ganado menor y el consiguiente pastoreo. Había -en el momento que fui- corrales de cabras, gallineros, además criaban patos y hasta cerdos. En estas actividades -por supuesto- que trabajó doña Eva, siendo la primera puestera de El Palque, según me relató un informante que vive en Zonda. La mujer se asentó en la década del 50, luego enviudó y sus hijos se fueron a otros lares. Sola quedó, pero feliz, nada ni nadie la movería de su pequeño oasis, hasta su muerte.

Nuestro personaje vivía en un ranchito muy precario, unido al cerro. El paisaje bucólico de El Palque, es indescriptible, con cascadas cerros y una vegetación increíble, resulta un lugar magnífico para vacacionar. Eva fue una mujer curtida, siempre brindaba su ayuda a los turistas e incluso a algunos andinistas, que llegaban hasta aquí, pues existen cerros aptos para practicar este deporte tan nuestro, además de cautivarlos con una conversación imperdible. Como chilena que era, fue muy devota de la Virgen de Andacollo y "de las ánimas", como la de Margarita Lima, sepultada en el pequeño cementerio de Pachaco. Hasta el genial poeta Jorge Leónidas Escudero, escribió unos versos acerca de ella: "Eva vive en El Palque, y vive sola. Se sostiene con lo que le encanta. Cría patos, cultiva papas, trae leña de donde sabe. Es un hada vieja que anda bajo las higueras y cuando alguien la visita le invita unos mates".