Con sólo leer en las redes, se observa que la generalización, agresividad y agravios, están operando como una catarsis de cierta zoncera humana, que es más barata que ir al psicólogo; y que pone en dudas la declamada necesidad de cerrar la grieta.

No voy a hacer una lista ejemplificativa de cuanto antiperonismo está dando rienda suelta a sus deseos declamativos, porque quedarnos con esos bajos instintos, es seguir mirando para atrás. Pero es un dato de la realidad virtual de las redes. Además; algo habremos hecho para que ese fenómeno antidemocrático reaparezca.

Me interesa avocarme a la cuestión de la corrupción y el justicialismo. Diré ante todo que en el Justicialismo debemos haber tantos argentinos honestos y corruptos, como en la media de los argentinos. Ni más ni menos, según mi apreciación. Sí es verdad que, en el ejercicio del poder político, cuando lo hace el Justicialismo, parece que el grado de corrupción es mayor que en otros momentos políticos, o al menos se explicita más. La diferencia entre lo que es y lo que se dice, expresa y televisa es otra compleja discusión, que algún día habrá que darse, y se vincula con la temática del Discurso Dominante.

Sostengo que ello no ocurre porque los Justicialistas somos más delincuentes que los otros; sino porque los delincuentes que inherentemente son especuladores, se hacen Justicialistas para mejor delinquir. Ello es una obviedad, dado que la historia argentina demuestra que el Justicialismo siempre tiene una posibilidad mayor de acceder al poder por las urnas, que otros partidos políticos. El delincuente, dispuesto a ejercer esa actividad y actitud, no va a ingresar a un Partido Político que no tiene posibilidades de ganar elecciones. Su fin no es sostener un ideario político, sino delinquir.

Por ello creo que es centralmente injusto, aunque catártico para esa zoncera criolla que crece como el pasto, aseverar que los Justicialistas somos todos delincuentes.

Sí estimo muy justo, que los Justicialistas somos responsables histórica y socialmente, de permitir esa invasión de delincuentes, que se encubren tras nuestras nobles banderas filosóficas, políticas y sociales.

Nos debemos y les debemos a todos un maní pullita dentro del Justicialismo. Y lo más grave es que, por los delincuentes se deslegitima nuestro ideario.

Mi preocupación central es que el hastío popular ante la delincuencia en ejercicio del poder, justificará políticas impopulares, durante una buena cantidad de años.

Siento que si los Justicialistas no limpiamos nuestra casa urgentemente; en materia de desarrollo social y humano, justicia social y distribución de la riqueza, daremos un paso adelante y cinco para atrás, como le conviene al status quo del poder económico perenne.