El derrotado presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, intentó salvarse de una derrota anunciada, en la segunda vuelta electoral del domingo pasado apelando a la sensibilidad del electorado, alegando que si ganaba François Hollande, el país galo se convertiría en otra Grecia. Es que la profunda crisis que sacude a Europa está produciendo una reacción en cadena en el recambio gubernamental ante el descrédito de la ciudadanía que soporta duros ajustes fiscales por los implacables embates de la recesión y alto desempleo.

Este ex economista de 57 años, surgido del Tribunal de Cuentas y experto en cuestiones fiscales, asumirá en el Palacio del Elíseo en los próximos días y deberá compatibilizar su formación socialdemócrata con la dureza de las medidas que ha prometido aplicar para evitar que Francia entre en recesión. Los números del déficit público son precupantes, el gasto supera el 56% y el desempleo llega al 10%, afectando en particular a los jóvenes. Las 35 horas de trabajo semanal surgidas del socialismo, le quitan competitividad a la economía francesa, pero son la intocables en la relación del gobierno con los sindicatos y nadie se atreverá a modificarlas en virtud de su valor como conquista social. Además Hollande devolverá la jubilación a los 60 años para que una masa de jóvenes pueda acceder a su primer empleo y castigará a los ricos franceses que ganan más de un millón de euros al año con un impuesto del 75% y priorizar a la educación.

Como keynesiano pragmático y socialdemócrata, Hollande prefiere el crecimiento al ajuste que apoya la canciller alemana Angela Merkel, por lo que prometió aplicar una austeridad a la francesa, no como la alemana, una metodología que ha empezado a encender luces de alarma en la comunidad regional, aferrada a la economía de mercado. Sin embargo, Hollande tiene nuevos aliados europeos que podrían llegar a torcer el duro discurso de la austeridad sin crecimiento de Merkel y la ofensiva de los mercados.

El triunfo socialista en Francia parece ser visto en el resto de los países europeos como un aire fresco para cambiar la dureza de la austeridad sin crecimientos. Los economistas también advierten que con estos comicios se están dando señales de un re-direccionamiento del ataque a la recesión.