El terremoto de Chile, del 16 de septiembre pasado con fuerte repercusión en nuestro país, incluso asustando a los porteños, dejó al descubierto en San Juan la ausencia de capacitación sobre cómo actuar ante un sismo destructivo. Tampoco la Defensa Civil sabe qué hacer, porque estuvo ausente en el pánico y recién diez días después informó que planea instruir a los empleados de comercio para afrontar un temblor de magnitud.

Las nuevas generaciones de sanjuaninos, que no vivieron el terremoto de Caucete en 1977, no recibieron la instrucción para desarrollar una conciencia sísmica y actuar en resguardo de sus vidas, una responsabilidad del Estado que muestra fallas estructurales: La policía sin reaccionar ante el caos vehicular y las corridas de la gente desorientada en las calles de nuestra ciudad y de las áreas urbanas departamentales, son pruebas contundentes de la inacción preventiva.

Sin embargo, una ley provincial de 1997 establece un Plan de Emergencia para catástrofes, reglamentada en 2006, con los pasos a seguir y un protocolo llamado "Primera Respuesta”, desconocidos por la falta de campañas de concientización y capacitación. La reciente experiencia sísmica lo confirmó en comercios que no sabían si dejar salir a los clientes o retenerlos para impedir los riesgos de la calle, o personal de hoteles sin contener a los pasajeros y menos quien aconsejara agruparse en lugares abiertos y seguros. Los hospitales tampoco tienen un operativo de emergencia y nadie sabe cuáles son las calles que deben despejarse para enlazar desde los cuatro puntos cardinales a los principales nosocomios, el Rawson y el Macial Quiroga.

Establecer vías de circulación exclusivas para vehículos de rescate en el Gran San Juan es fundamental, para lo cual la Policía de Tránsito debe establecer los cortes necesarios y marcar una "onda verde”, pero esta planificación se encontrará con los cuestionados "pianitos”, los que deberían desaparecer de inmediato de las calles principales, caso de las avenidas De la Roza y Libertador. Los lugares estratégicos para contener gente y levantar carpas, con provisión de agua potable, instalaciones sanitarias, e indicar zonas para helipuertos, crea más interrogantes.

Esta indefensión llevó a vecinos, como los del Barrio San Martín, o a sindicatos como el mercantil, a planificar sus salvatajes. No van a esperar al Comité de Crisis y menos a Defensa Civil, que ni siquiera tiene un protocolo para el viento Zonda.