Al llegar a su fin los Objetivos del Milenio de las Naciones Unidas, tras quince años de intentos para acabar con la extrema pobreza, ya hay nuevas estrategias para presentar la semana que viene en Etiopía, donde se realizará la conferencia internacional para cerrar ese ciclo y abrir otro capítulo hacia la solidaridad buscada.
El nuevo estudio revela que si no hay cambios que modifiquen la tendencia actual, en 2030 habrá más de 650 millones de personas que padezcan hambre. Ahora se calcula que existen casi 800 millones en esa situación, la mayoría ubicada en el campo. Desde esa perspectiva, no se lograría erradicar la desnutrición crónica para la fecha estimada, tal como pretende la propuesta del Objetivo de Desarrollo Sostenible como agenda posterior a 2015 que negocia la comunidad internacional.
Por ello la ONU propone invertir el equivalente al 0,3% del PBI global, un costo relativamente pequeño para acabar con el hambre si los estados miembros aceptan contribuir para atender la desigualdad social. Lo importante es invertir en sistemas de protección social, para que a los más necesitados puedan salir del umbral de la indigencia, situado en 1,25 dólares diarios, a la vez que la inversión pública y privada mejoren las oportunidades de trabajo y los ingresos para que esas personas puedan valerse por si mismas.
La alimentación le cuesta a la población rural entre el 50% y el 70% de sus ingresos y según la ONU, 870 millones de los 1200 millones en situación de pobreza extrema no reciben ningún tipo de protección social. Por eso pide a los países de ingresos medios inversiones requeridas para erradicar el hambre, ya que gran parte de países de bajos ingresos necesitan ayuda por sus dificultades económicas.
