Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: "El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia". Mientras iba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el agua, porque eran pescadores. Jesús les dijo: "Síganme, y yo los haré pescadores de hombres". Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron. Y avanzando un poco, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también en su barca arreglando las redes. En seguida los llamó, y con ellos, dejando en la barca a su padre Zebedeo con los jornaleros, lo siguieron. (Mc 1, 14-20).
El evangelista Marcos inicia el relato de la actividad pública de Jesús con una consideración cronológica: "Después que Juan fue arrestado", y con una anotación geográfica: "Se dirigió a Galilea". La mención del Bautista no es sólo un elemento de enlace cronológico sino teológico: es una prefiguración del destino de Jesús. Se dirige a la Galilea, ya que la actividad de Jesús se inicia en ese territorio y se concluirá con una cita que dirige a los discípulos a ese lugar: "Después que yo resucite, iré antes que ustedes a Galilea" (14,28). La Galilea reviste en el evangelio de Marcos un significado que va más allá de la geografía. Hay un contraste con la Judea y Jerusalén, donde va a ser rechazado y muerto. Galilea es el lugar de la predicación, de los milagros, de las multitudes, símbolo del mundo pagano que acogerá el evangelio. Allí proclamaba la Buena Nueva de Dios. Predicar, en griego "kerussein", no significa instruir o exhortar, sino proclamar con coraje un hecho y solicitar una respuesta. Jesús proclama la Buena Nueva de Dios en la que Dios es su contenido. No es una doctrina fría sino un hombre-Dios que tiene su corazón inquieto hasta que nos encuentra. Anuncia que el tiempo se ha cumplido. Para los judíos el tiempo no estaba vencido aún. Para los fariseos, el Reino de Dios podía llegar sólo cuando fuera perfecta la observancia de la Ley. Para Jesús, hoy es el momento propicio para dejarse seducir por lo divino: convertirse. Pide una respuesta: hay que volver hacia él la mirada, dar vuelta en el camino y dirigirse hacia su presencia.
El primer fruto de la conversión es crear comunidad. En el relato de la llamada de los primeros discípulos podemos encontrar los elementos constantes que se presentan en todos los textos donde se hace referencia al seguimiento. Ante todo, está la libre y gratuita iniciativa de Jesús. Los verbos más importantes de la entera narración son: vio, dijo, llamó. No son los cuatro pescadores que han buscado y encontrado al Señor. Han sido encontrados por él. Lo más común es que los discípulos busquen un maestro. Aquí, en cambio, el Maestro elige a sus discípulos. ¿Por qué llama a estos y no a otros? Aquí está la alegría y el tormento de quien ha sido llamado. ¿Por qué yo y no otros? Alegría porque la llamada es gratuita. Tormento porque nos preguntamos respecto al por qué no ha llamado a otros. No hay más que una respuesta: quien ha sido llamado debe ponerse al servicio de todos. Resulta impensable una llamada para ventaja personal. La llamada no significa nunca separación, sino misión.
Impresiona observar lo que indica el evangelio: los llamados respondieron "inmediatamente", dejándolo todo. Ese "todo" implica dejar los lazos de la sangre y los objetos de trabajo. En definitiva se deja "un poco" para seguir al "Todo". Pasan a ser discípulos. El discípulo no es alguien que aprende una doctrina, sino el que comparte un proyecto de vida con Jesús.
Este proyecto implica una doble comunión. Siguiendo a Jesús, los cuatro pescadores viven juntos, en un grupo, no porque hayan decidido estar juntos entre ellos, sino porque todos han sido llamados para estar cerca a la misma persona. Esto no significa estar sentados en un círculo, seguros dentro de la comunidad. "Seguir" significa estar con Jesús, pero también caminar, trasladarse, un movimiento de apertura. El seguimiento del discípulo no es un dejar la ciudad para refugiarse en el desierto. El seguimiento no es un estado sino un camino. "Los haré pescadores de hombres": esto implica que la llamada no cierra un itinerario sino que lo abre. La primera palabra de Jesús al discípulo es "sígueme". La última es "vayan por el mundo entero". Entre las dos palabras hay un camino que lo va marcando él delante. A nosotros simplemente se nos pide desapego y seguimiento. Jesús, caminando al lado del mar de Galilea "vio" a Simón y lo descubrió como Roca. Vio a Juan y lo descubrió como el discípulo del amor. Un día verá a la adultera y descubrirá en ella a la mujer capaz de amar con generosidad y sin espíritu de lucro. Su mirada nunca es prejuiciosa y es siempre creadora.

