Uno de los objetivos del gobierno encabezado por Mauricio Macri es recuperar cuanto antes el autoabastecimiento energético, perdido en la última década, y para lograrlo apuesta a la competitividad y eficiencia de YPF, una herramienta fundamental para dar seguridad y credibilidad a las inversiones que demanda la Argentina en ese crítico sector.
No es fácil poner en valor recursos como el yacimiento no convencional de Vaca Muerta, ante la necesidad de invertir unos 15.000 millones de dólares por año, en momentos en que el negocio de los hidrocarburos registra una caída histórica marcada por la cotización de 30 dólares el barril de crudo. Más complejo es el panorama de nuestro país por los valores políticos fijados al petróleo para financiar las provincias sostenidas con las regalías petroleras.
A pesar de que Argentina dispone del mayor potencial de América latina para desarrollar generación limpia, eólica y solar, por ejemplo, el 87% de la energía que consumimos es de origen fósil y con altos costos que distorsionan el mercado. Por ejemplo la pregunta del público es, por qué la nafta cuesta lo que se paga en surtidor, sin conocer que los valores reflejan no sólo los altos costos de producción sino los laborales, los de transporte muy altos, y los impuestos que son altísimos comparados con países vecinos.
En este contexto productivo, fiscal y político se desempeña YPF, y si bien la gestión del experimentado Miguel Galuccio no tiene objeciones hasta ahora, Macri le ha puesto un directorio conformado por calificados exfuncionarios, consultores y experimentados ejecutivos provenientes del sector privado, a fin de conformar un equipo de primer nivel operativo, a diferencia de los cargos políticos dispuestos por el gobierno anterior.
El reto para Galuccio se dimensiona, tanto para avanzar como empresa líder en el sector energético y a nivel personal ya que actualmente tiene a su cargo la presidencia de YPF y simultáneamente la gerencia general de una empresa estatal que impone las políticas de comercialización a las compañías del sector privado. Pero sin los desafíos son de por sí ambiciosos para desarrollarlos en un futuro cercano, todavía le faltan al poder Ejecutivo nacional piezas claves de un complejo rompecabezas. Son las cláusulas secretas del acuerdo de YPF con la estadounidense Chevron, socia en Vaca Muerta, según condiciones contractuales que la Corte Suprema de Justicia ha ordenado publicar.
