"Hacer patria” es una frase -las dos palabras marcan sentido- que propone, o presupone tácitamente, acción, hecho o idea de contribuir al bien, desarrollo y engrandecimiento de esa tierra natal -o adoptiva- a la que se pertenece, a la que el ser humano se siente ligado subjetivamente por vínculos históricos, jurídicos y de afección -tradiciones, intereses y destino comunes-, enlace o apego que nace en el hombre por el suelo que lo vio nacer, y lo sustentó en su andar de vida.

La recuperación de YPF (Yacimientos Petrolíferos Fiscales) es tal vez uno de los más claros ejemplos de hacer patria, actitud que entra en los alcances de lo que es una patriada, es decir, talante notable en una acción arriesgada y valerosa. Con la nacionalización de YPF -ya acordada por ley-, repetimos, se ha hecho patria en tono mayor,se ha espabilado la conciencia cívica, "dormida” en muchos argentinos del común, y de los que están -o han estado- en el andar político, que han pisado estrados de gobernabilidad dejando de lado la actitud patriótica de salvaguardar los intereses de la nación.

La orientación de lo hecho con YPF -desleída, para nosotros en manos de Repsol- ha implicado, e implica, una definida orientación política de protección, revalorización, y recuperación del patrimonio del Estado, juego de poder gubernativo que es la alta esencia y base orgánica-institucional en la vida, desarrollo y posicionamiento de un país.

No sabemos si todos los pueblos lo son, pero el argentino tiende a ser hijo del rigor, pasible a la aplicación de los caudales de la ley, tanto en "los de abajo” como en "los de arriba” (ciudadanos y gobernantes). Si es malo que la ciudadanía yerre, tanto más que eso es cuando el error es gubernamental, cuando ahí está implicado un proceder proclive, como no atender sus obligaciones, cuando el Estado pierde su participación en el privilegio directriz, volviéndose "accionista en pasividad” sobre esos bienes propios, entregados en manos extrañas.

Cuando se desnacionaliza parte de lo que constituye el cuerpo orgánico -armónico y consonante- de una nación, se atomiza la potestad soberana de la misma, algo, esto, que inmanente debe regir en la coordinación normal de un Estado: sin ambages, de esa manera se enmalecen -pervierten- sus bases éticas, morales e institucionales.

En estos momentos estamos viviendo un suceso absolutamente patrio y soberano, aglutinador del sentir argentino, donde está presente el entregado apoyo de quienes -con argentinismo y no con política- han abierto su sentido común -en el alcance de raciocinio alerta-, demostrando que ese solo pero grande sentimiento ya basta para evidenciar lo que es hacer patria, un vuelo alto, noble y desinteresado, una, causalidad de todos.

Consustanciados con ellas, transcribimos palabras del periodista M. A. Bastenier, del diario El País, de España: "Aunque Buenos Aires haya podido vulnerar los acuerdos suscritos con la firma española, nadie va a negar el derecho soberano del país a la estatización, pero indemnizar con justiprecio debería (debe) ser, asimismo, una obligación”.