Hasta ahora los sondeos señalan un desenlace incierto en la consulta popular, no obstante la campaña para permanecer en el bloque, del primer ministro David Cameron, para no dar un ‘paso hacia la oscuridad.’ Gran Bretaña es miembro de la UE desde 1973, cuando aún se llamaba Comunidad Económica Europea, y dos años después una amplia mayoría de británicos votó a favor de la permanencia en la nueva etapa de la unión de naciones.

Claro que después de cuatro décadas las cosas cambiaron, más en los últimos tiempos de crisis económicas y contención de refugiados, planteándose ahora una seria controversia para seguir junto a Bruselas. Si bien Cameron tiene una posición definida, se sabe que en el mismo gabinete hay opiniones enfrentadas. Es que el apoyo inicial a la permanencia en el bloque se ha ido diluyendo en estos últimos meses y el ‘si’ lidera escasamente sobre el ‘no’, es decir sobre los ciudadanos que quieren que el país abandone el bloque de 28 naciones, según sondeos realizados la semana pasada. Las encuestas de ICM y YouGov dieron un punto porcentual de ventaja a la opción de quedarse en la UE, sobre la alternativa que apunta a una salida del bloque, lo que aumenta la incertidumbre sobre los resultados de la votación del 23 de junio venidero.

Para los observadores ninguna de las opciones ha logrado generar el suficiente interés como para romper el estancamiento en el marco de un momento de atención mediática relativamente calmo, de manera que uno de los sondeos reveló que un 39% respalda la opción de permanecer en el bloque, mientras que otro 38% quiere salir, en tanto un 23% de indecisos o indiferentes dijo que no acudirá a votar. Este resultado implica una caída de 1 punto en la opción por quedarse, y un aumento también de 1 punto para la alternativa por abandonar el grupo.

Además, hay posiciones sectoriales muy diferentes, como la de los escoceses, que en 2014 votaron un 55% en contra de independizarse del Reino Unido, en campañas respaldadas en los beneficios de la UE, que ha ido creciendo en esa parte del país, mientras en Londres y otros lugares no aceptan siquiera profundizar el último acuerdo de Bruselas que autoriza al Gobierno británico a negarles temporalmente, y bajo determinadas circunstancias, las prestaciones sociales a inmigrantes de otros países de la Unión Europea.