Según un estudio publicado por el Centro de Estudios de la Educación Argentina (CEA) de la Universidad de Belgrano, sólo 27 de cada 100 estudiantes que empiezan a estudiar en la universidad se gradúan. En las de gestión pública sólo terminan 23 de cada 100 alumnos, mientras que en las privadas, 40 de cada 100 logran finalizar la carrera, según se informa.
La realidad es que la tasa de graduados sigue por debajo de la de otros países de la región. Este fenómeno emerge a pesar de que la matrícula universitaria creció un 18% entre 2002 y 2010, y que supera proporcionalmente a la cantidad de matriculados en Brasil. Es decir que, si bien se ha extendido mucho el acceso a la universidad, son muy pocos los alumnos que logran concluir sus estudios en tiempo y forma. En Brasil se gradúan en promedio 50 de cada 100 ingresantes; en Chile, 59, y en Francia, 67. Brasil tiene cuatro veces más estudiantes que la Argentina, pero sus graduados son doce veces más numerosos que los nuestros. Chile, con la quinta parte de estudiantes, tiene una graduación igual a la mitad de la nuestra.
Estas diferencias denotan una deficiencia en el costoso proceso de la enseñanza universitaria y el problema no es sólo de las universidades públicas. Según el CEA, en 2010 se graduó en las universidades privadas menos de la mitad de los ingresantes. Los alumnos salen del secundario y no están preparados para afrontar las exigencias de la universidad. La indecisión vocacional de los alumnos es otro desafío que las universidades tienen muy presentes. El cambio de carrera es un fenómeno en aumento.
Por otra parte, según el Anuario 2010 de Estadísticas Universitarias, de los 99.431 egresados en 2010, la mayoría fueron mujeres: 49.367. En las universidades nacionales se recibieron muy pocos ingenieros: 15 ingenieros hidráulicos, 24 ingenieros en petróleo, mientras que se graduaron 3.463 psicólogos y 10.258 abogados. Por cada egresado de una carrera de Ingeniería, se graduaron casi 5 estudiantes de las carreras de Ciencias Sociales.
La universidad debe estar abierta a todas las clases sociales sin discriminar en función del nivel socioeconómico de los alumnos, pero el ingreso debe comprometer el mayor esfuerzo intelectual de los estudiantes. No se trata de limitar a nadie, sino de ayudarlos a ingresar en el difícil mundo laboral globalizado a través de la cultura del esfuerzo y la dedicación al estudio.
