Apeló a una sobreactuación Daniel Scioli para buscar un decorado donde desplegar su búsqueda de apertura para una gestión como líder del PJ tan flamante como aparentemente efímera: fue a ver a los involucrados a sus propios despachos, bien de visitante, con el apetito de difundir generosidad. A Moyano lo primereó yendo al despacho del camionero y a José Luis Gioja presentándose en el edificio de la calle Sarmiento, donde funciona la Casa de San Juan en Buenos Aires.
Allí estaban cuando sonó el celular del gobernador sanjuanino. Era José Alperovich, el gobernador tucumano, y los testigos cuentan que se presentó el siguiente diálogo.
– Dice Néstor que no lo recibas a Daniel…
– Y qué querés si lo tengo en la puerta…!
El interlocutor que hablaba en nombre del ex presidente se convirtió en el mandatario provincial que quedó más cercano a los K luego de la diáspora que comenzó con el resultado del 28 de junio. Pretendía darle a Scioli algo de la medicina que por esos días trataban de digerir en la Rosada, bajo lógico argumento de él también perdió.
El resto comenzó una retirada evidente: la K es ya una letra en desuso para el alfabeto político nacional con riesgo de convertirse en mala palabra si los desbordes no se contienen. Y los jefes territoriales, especialmente los gobernadores del PJ que ganaron en sus provincias, empezaron a entender que deben correrse para que la ola no los arrastre a ello también.
La gran mayoría lo hace de a poco. Pero hay quienes andan ya por la Z, como el caso del chubutense Das Neves que a las pocas horas de la caída en desgracia electoral de Néstor salió a buscarle la yugular.
Gioja no sólo recibió a Scioli ese día, sino que hasta celebró el gesto. Fue su manera de enviar señales: ya no hay órdenes desde Olivos a cumplir como soldados, pero en su caso la retirada será de a pequeños pasos y cuidando de preservar a algunos cuadros. Como el propio bonaerense, humillado por la derrota en su propia provincia, pero de probada capacidad de resurrección.
El contexto en que se produjo la visita de Scioli a Gioja sirve como ejemplo del nuevo mapa en el oficialismo nacional, parido al ritmo de votos opositores en las urnas. En el que hay dos bandos: el de los perdedores con ánimo de seguir poniendo condiciones, y el de los ganadores con un pie adentro y otro afuera en la medida que no se los escuche.
Y hay dos puntos sobre los que retumban las tensiones. Uno es el nivel de admisión de la nueva realidad, y es justamente el bando de los gobernadores sin letra el que se queja en público y en privado por los pocos reflejos oficiales por registrar el enojo ciudadano.
El otro es la consecuencia de ese nuevo estado de ánimo. Se supone que todo resultado las tiene y no fue la idea más feliz la del kircherismo de recostarse sobre el costado más ultra K con su nuevo diseño de gabinete, cuando justamente el reclamo es por la inversa: apertura.
La entronización de Alperovich como "el" gobernador kirchnerista tuvo forma con la llegada del vice tucumano, Julio Manzur, como ministro de Salud. El resto de los gobernadores del PJ oscila entre el envión de pedir más lugar no sólo en las viejas estructuras del PJ sino en los despachos del gobierno, y la preservación de quedarse afuera por gesto de supervivencia.
Jorge Capitanich, el gobernador chaqueño que logró salir del infierno del dengue y sus desbarajustes domésticos y consiguió una holgada victoria, desechó la invitación de sumarse como jefe de gabinete con la salida de Massa. Y eso que ya lo había hecho en la gestión de Duhalde. Celso Jaque logró filtrar a uno suyo: Diego Bossio, nuevo administrador de la caja del ANSES, tiene sólo 28 años pero fue asesor suyo desde 2003 en el Senado.
Gioja hasta ahora no fue invitado a integrar el gabinete nacional con funcionarios propios, como consecuencia del resultado electoral en el que fue uno de los que mejor consiguió asomar la cabeza en la debacle K. Sólo se supo que le fue ofrecido algún espacio en el área de minería.
Mientras, busca acomodarse al nuevo mapa. Mostró el sábado pasado notables gestos de distancia hacia la gestión nacional, que de ahora en más deberá equilibrar con otros de amistad para conservar la línea política que hizo de la relación Nación-provincia su capital político más preciado.
Pero fue más duro de lo que se esperaba. Especialmente, cuando admitió en Radio Colón que su pertenencia al kirchnerismo lo "tiró un poquito para atrás", algo que resultó bien perceptible en los sectores medios que lo apoyan y que lo pensaron dos veces antes de emitir un sufragio que iba a la misma alcancía del matrimonio.
También se animó a decir cosas que hubieran sido impensables antes del 28 de junio y que ahora Kirchner debe aceptar como parte del paisaje: que los caciques a los que supo dominar a golpe de billetera aparezcan ahora dominándole la agenda. Cuestionó la permanencia de Moreno y marcó su salida del grupo Ultra K. Consumada pocos días después, cuando en un estudio de TN cuestionó al Indec, incurriendo en lo que hubiese sido un atrevimiento imperdonable. ¿Irá el sanjuanino lo suficientemente lejos en su ataque al polémico secretario de Comercio como para reactivar el índice de precios local, pisado justamente por presión de Moreno?
Para el final, Gioja repasa las armas de las que dispondrá para afrontar los siguientes dos años, vitales para su futuro político. Tiene un grupo de gobernadores de provincias chicas sobre los que mantiene influencia. Muchos de ellos, triunfadores en junio y con ganas de ir para adelante: el riojano Beder Herrera, el jujeño Barrionuevo, el formoseño Insfran. También tiene a algunos que perdieron pero no será descuidados: el mendocino Jaque.
Habrá contactos próximos con dirigentes pesados de las provincias grandes. Con Reutemann, esperando los futuros pasos del ex piloto. Habrá que ver cómo juegan el salteño Urtubey y el chaqueño Capitanich. Y luego expandirse hacia afuera del oficialismo ortodoxo: Gioja tiene buena relación con Duhalde y sabe que debe mantenerla. Y habló con Macri (que lo había elogiado en su paso por San Juan), un filoperonista que necesita de contactos en el PJ orgánico. Pero su principal capital político es la relación con los senadores del PJ, resabios de su paso por la Cámara Alta y donde es el preferido.
Con esas armas, y un poco más de paciencia que la de su colega chubutense Das Neves -sobre quien Gioja confiesa en privado que lo matará el apuro y su procedencia patagónica- saldrá a posicionarse Gioja en el nuevo mapa del PJ. El feriado del 9 de julio recibió una buena noticia: el sistema de internas abiertas que él impulsó parece haber prendido en el núcleo del poder y será devuelto a la organización política, de donde nunca debió salir.
Si se consuma el regreso, las armas de Gioja para pelear serán ese armado político y los números económicos de la provincia que lo ubican en el lote de las mejores. Todo, en lo posible, sin Néstor a la vista.

