Numerosos hombres públicos que registra la historia de San Juan y buen número de ellos con repercusión nacional, han recibido de la posteridad el reconocimiento y homenaje por la trayectoria y el patriotismo puesto de manifiesto durante el desempeño de sus funciones. Diferentes instituciones, establecimientos educativos, centros culturales, calles, etc. han sido bautizados con sus nombres o perpetuado su memoria en alegorías, monumentos o estatuas. Sin embargo es dable observar en el común de la gente, el desconocimiento de quiénes fueron y qué hicieron esos personajes, que se mencionan en el lenguaje cotidiano, al identificar una escuela, calle, centro de salud que lleva su nombre. Tal es el caso de Saturnino L. Sarassa, nacido en Buenos Aires el 9 de agosto de 1760.
En su juventud se dedicó a las actividades mercantiles al crearse en 1794 el Consulado de Buenos Aires, es designado miembro de la institución, funciones a las que accedían personas idóneas y de rectitud comercial. Participó con valentía y patriotismo durante las invasiones inglesas en la defensa de la ciudad de Buenos Aires y en la campaña libertadora al Paraguay donde fue tomado prisionero. Un decreto del poder ejecutivo (Triunvirato) del 29 de enero de 1812 suprime las juntas provinciales y subalternas, estableciendo el sistema de las gobernaciones y tenencias de gobernaciones. En esa época a San Juan, tenencia de gobernación subordinada a Córdoba, se la designó como primer teniente gobernador al coronel Saturnino L. Sarassa.
Su administración como gobernador fue muy prolifera, llevó a cabo el primer censo dispuesto por el Triunvirato en 1812, el que arrojó para la provincia los siguientes guarismos: 3.591 habitantes para la ciudad de San Juan y 9.388 para la campaña. El Ejército al Alto Perú, recibió considerable aporte humano y de elementos, creó el controlador de Rentas y dio gran impulso a los caminos y postas. Afrontó el exilio de Saavedra en San Juan y autorizó al Cabildo la elección de Laprida como diputado a la Segunda Asamblea del año XII y a Tomás Antonio Valle, representante por San Juan, a la Asamblea General Constituyente del Año XIII.
Acusado de que los españoles gozaban de determinados privilegios, le provocó la antipatía popular, motivo por el cual la revolución del 30 de septiembre de 1813 lo depuso del poder. Sarassa salió de San Juan refugiándose en Mendoza. El juez comisionado nacional, consideró que las acusaciones eran infundadas y ordenó la reposición en el cargo, pero renunció en enero de 1814. Retirado de la actividad se le otorgó una módica pensión, ostentando el grado de teniente coronel.
Murió en la pobreza el 26 de septiembre de 1833. La historia lo valora como un esclarecido patriota, hombre de orden y progreso.
