La globalización es un fenómeno en permanente evolución en la economía, la política y la cultura gracias al achicamiento del planeta por obra de las comunicaciones en tiempo real, pero ahora también el avance se observa en ámbitos como el de la justicia, que parecía limitada a acuerdos bilaterales por extradiciones o por asistencia requerida.
Pero los hechos indican que la competencia de un país puede ser ilimitada si la relacionamos con casos como el de la FIFA y del terrorismo internacional en los que intervienen directamente los tribunales de Estados Unidos, aún cuando los hechos ilícitos se cometieron en otros lugares y sin que las consecuencias hayan tenido una relación principal con este país.
Según quien analice las circunstancias, pueden sobrevenir las críticas acerca de un supuesto giro estadounidense para convertirse en juez y carcelero del mundo, más si quien opina le suma una dosis ideológica. O, por otra parte, destacar la importancia de la Justicia de EEUU y las leyes que la sustentan, que son un modelo a seguir tanto por el admirable empeño en el esclarecimiento del delito como también por la transparencia tribunalicia ajena a cualquier influencia política o mediática.
En el escándalo de la FIFA los fiscales norteamericanos optaron por no invocar la jurisdicción extraterritorial, pero si se apoyaron en el uso que los acusados dieron a bancos y sitios estadounidenses para concretar las reuniones donde se hicieron las manipulaciones ilegales del colosal negociado futbolístico.
Bastaron estas dos circunstancias para que la procuradora Loretta E. Lynch anunciara formalmente que fiscales de Brooklin acusaran formalmente a directivos de la FIFA lejos de Suiza, sede central del organismo y de nuestro país, donde tuvo gran repercusión la noticia por involucrar a conocidos personajes vinculados al mundo futbolístico. Por algo se dice que si no fuera por la firme decisión del Departamento de Justicia de EEUU, toda la corrupción estructural enquistada en el popular deporte, seguiría impune.
En cuanto al terrorismo, el Congreso de EEUU amplió en 2004 la competencia extraterritorial, ya sea como alternativa de la diplomacia o los ataques con drones o por ejemplo la piratería somalí en aguas internacionales. En estos casos hay condenas ejemplares.
