El panorama pesimista que plantea la crisis financiera internacional y sus probables repercusiones en nuestro país, contrayendo la contratación laboral, por un lado y por otro el abrumador triunfo del oficialismo en las elecciones primarias, han llevado a la CGT a replantear su estrategia de intransigencia confrontativa.
Frente a este nuevo contexto político y económico, la posición inflexible de Hugo Moyano ha perdido sustentación y ya se habla de un plazo perentorio para renovar la cúpula cegetista, aunque el líder camionero intente darle otro perfil a su salida, al afirmar que estos cambios no los decide la presidenta. Lo cierto es que al decir del entorno de Moyano, la conducción cegetista ha entrado en un camino de moderación para plantear futuros reclamos, donde el diálogo reemplazará a las actitudes intempestivas para alcanzar negociaciones acorde a los tiempos que vienen.
El atípico tono conciliador del moyanismo no fue espontáneo sino consecuencia del reciente encuentro realizado para celebrar el Día de la Industria, oportunidad en que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner hizo un llamado a los empresarios y a los sindicalistas para que resignen aspiraciones y actúen con moderación en las futuras negociaciones salariales a fin de que no impacten en la marcha de la economía. En realidad, las negociaciones sectoriales más importantes, como son las actualizaciones de las convenciones colectivas de trabajo, ya han finalizado con aumentos significativos, y el nuevo escenario de 2012 parece estar libre de tensiones sindicales y de las especulaciones que se generan en un año electoral. El desenlace de las crisis en las naciones desarrolladas y sus coletazos en la economía globalizada, también aconseja la prudencia dirigencial, más cuando ya algunas filiales de las multinacionales europeas han congelado vacantes en sus plantas argentinas, a la espera de un final que no será fácil.
Claro que la bajada de guardia de Moyano y la euforia del empresariado por el crecimiento que se avecina, no son garantía de un clima distendido en el cual también se ubica la contemplativa gestión de la cartera laboral. Por otro lado sigue el activismo duro de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), no reconocida por el Gobierno y los gremios afines, entre ellos el docente de Hugo Yasky que rechaza de plano la política salarial del Poder Ejecutivo nacional. Además, surgen interrogantes sobre la marcha del modelo, en particular sobre la caída del superávit fiscal y la política de subsidios y congelación de las tarifas de servicios, bombas de tiempo para la economía.
