A pocos días de celebrarse la Cumbre de las Américas, en Trinidad y Tobago, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, dispuso eliminar las trabas que tenían los cubano-estadounidenses para viajar a la isla, y el Gobierno del Raúl Castro sorprendió a los observadores extranjeros al reaccionar e informar a la población con inusual rapidez.
La iniciativa incluye, además, medidas para facilitar las comunicaciones con la isla y un llamamiento al régimen cubano para no interferir en los envíos de remesas de dinero desde EEUU. Si bien este gesto de Washington está todavía muy lejos de levantar el férreo bloqueo económico y financiero impuesto en 1962 y endurecido durante la gestión de Bush, es una señal de buena voluntad que debería tener una contrapartida humanitaria de parte de La Habana. Además, la información de la Casa Blanca dejó trascender que estas disposiciones de buena voluntad se irán ampliando a medida que avancen las actuales.
El acercamiento iniciado por EEUU ha sido aplaudido tanto por los cubanos como por distintos gobiernos democráticos e instituciones de bien público del mundo, que exhortaron a Raúl Castro a dar un paso equivalente y elimine las restricciones que impiden a los cubanos a viajar al exterior. Seguramente el caso de la médica Hilda Molina sea el más emblemático de las últimas décadas, al vedarle el castrismo el esperado viaje a Buenos Aires para conocer a sus nietos.
Sin el fundamentalismo mesiánico de Fidel Castro, el giro que ha dado su hermano abriga esperanzas de una apertura democrática.
