El 24 de abril de 1915, en plena I Guerra Mundial, las autoridades turcas detuvieron a 200 líderes de la comunidad armenia, lo que Armenia considera el inicio de un genocidio planificado contra esa minoría del Imperio Otomano. Hasta 1923, cerca de 1.500.000 armenios fueron asesinados por parte de "Jóvenes Turcos”, el partido nacionalista del imperio que gobernó entre 1908 y 1918, embrión de la formación en la que se apoyó Mustafá Ataturk para fundar la actual Turquía.
Aquella experiencia trágica, junto con la vivencia del horror nazi y la muerte masiva de millones de judíos en Alemania y en otros países europeos, hacen necesario esclarecer el significado y alcance de esas monstruosidades con el fin de prevenirlas, de ser posible, y castigarlas, de ser necesario. La palabra genocidio sintetiza un exterminio como el de los armenios y los judíos, así como lo ocurrido con diversos grupos humanos en la antigua Unión Soviética, en Camboya, en Indonesia, en Rwanda, en la ex Yugoslavia, en el Sudán actual, no es exclusivo de ningún pueblo, régimen específico o geografía particular.
La Asamblea Nacional francesa aprobó el pasado 23 de enero una ley que establece sanciones para quien niegue el genocidio armenio. La pena por este delito es de hasta un año de cárcel y la posibilidad de ser, además, multado con unos 50.000 dólares. Valérie Boyer, la diputada que impulsó la ley, afirma que la negación de genocidios confirmados equivale a prolongar la intención genocida sobre las generaciones siguientes y atentar contra la dignidad humana.
El escritor turco y Premio Nobel de Literatura 2006 Orhan Pamuk, fue perseguido y sometido a juicio en su país porque, la denuncia que en Turquía fueron asesinados 30.000 kurdos y más de un millón de armenios, se consideró un atentado "contra la identidad turca”. El Gobierno niega esa cifra y sólo acepta que murieron entre 300.000 y 500.000 personas, número que es igualmente horroroso. En Turquía existe la ley 301, que castiga con prisión la sola mención del genocidio y por esta razón los tribunales multiplican los procesos a escritores y periodistas.
Turquía sólo entrará en la normalización democrática cuando asuma su doloroso pasado. El enorme crimen existió y la verdad histórica debe ser desentrañada, para que sus muertos puedan descansar en paz.
