Los diferentes países comprometidos con el desarrollo de políticas para atenuar los efectos del cambio climático, están dando muestras de obras destinadas a bajar las emisiones contaminantes, en particular las provenientes de los hidrocarburos. En muchos casos las previsiones han avanzado desde la etapa de proyecto y ya son emprendimientos que funcionan a pleno. Este ejemplo lo muestra Uruguay con la puesta en marcha, la semana pasada, de dos parques de generación eólica que en conjunto suman una potencia de 90 megawatts (MW), equivalente a un tercio de la demanda eléctrica de la ciudad de Montevideo. Se trata de Carapé I y II, emplazadas en el departamento Maldonado y construidas por la empresa argentina Corporación América, con una inversión de 220 millones de dólares.

El grupo argentino firmó un contrato de venta de energía tipo PPA (Power Purchase Agreement) con la empresa estatal de electricidad de Uruguay, que pagará entre 65 y 85 dólares por cada MWh generado, un precio muy competitivo asimilable a lo que cuesta producir energía en una usina termoeléctrica alimentada con gas natural. Pero con la enorme ventaja de emisión cero y bajísimo costo de mantenimiento del sistema, que cuenta con aerogeneradores de la danesa Vestas, uno de los mayores fabricantes de molinos eólicos del mundo.

También es admirable la ingeniería financiera a partir de un préstamo del BID amortizable en 18 años, a la que se sumó el Banco de la República Oriental del Uruguay, la Corporación Interamericana para el Financiamiento de Infraestructura y la Corporación Interamericana de Inversiones. Un ejemplo de energía limpia y sustentable digno de imitar.