
Pertenezco a la generación diezmada, esa generación que se nos fue de a poco dejándonos mudos. Nací con el regreso de Perón, ese señor que venía a pacificar, pero al bajar del avión tomó partido por la derecha, y la izquierda no se lo perdonó. Vi un gobierno tomando medidas económicas sin rumbo y luego vi un Rodrigazo que terminó de rematar a una clase media en proceso de extinción. Los muchachos tomaron armas y el Estado reprimió. Perón se fue dejando a su esposa y a un brujo al frente de un desastre social y económico y un discurso de odio se apoderó del pueblo.
Luego, a pedido de muchos y negado por todos, llegaron los Milicos. Esos chicos malos que siempre tenían la misma solución para todo, pero esta vez, la solución fue más oscura. Las palabras se exiliaron, se encarcelaron o desaparecieron. Crecí bombardeado entre dos discursos, los que atentaban y los que desaparecían. Ambos bandos aniquilaban nuestras esperanzas.
Un 2 de abril me enteré en la escuela que habíamos recuperado las Malvinas. Pude escuchar a un brabucón con gorra que gritaba "Si quieren venir que vengan" y millones de nosotros vitoreando sus palabras; ¡Vamos ganando! nos decían. Y así, nos fuimos enterando que la guerra duele hasta en las palabras.
VUELTA A LA DEMOCRACIA
Un año más tarde se escuchaba la palabra tan esperada "Democracia". Lo escuché a un señor recitar el preámbulo en un Obelisco repleto de gente y más tarde, a otro señor justificar "El aniquilamiento" en un decreto. Para ese entonces mi vocabulario empezó a aprender nuevas palabras, "Elecciones", "Paro general", "Carapintadas", "Gobierno débil", "Hiperinflación", "Desestabilización", "Poder". La casa no estaba en orden y la democracia no estaba educando ni dando de comer.
De Los Llanos llegó un señor con grandes patillas, parecido a la Barbarie de Sarmiento. Prometía palabras nuevas, "Revolución productiva" decía, pero a poco de llegar, se recortó las patillas y las palabras cambiaron, se escuchaba "Privatizaciones", "Convertibilidad" y las viejas frases como "Paro general" se dejaron de usar.
Algunas frases comenzaron a escucharse "Ramal que para, ramal que cierra" y algunas palabras dejaron de circular, como "Trenes" o "Ferroviario". Los nuevos teléfonos llevaron nuestras palabras a cada rincón del país y los nuevos aviones las llevaron al mundo entero.
Más tarde se juntaron dos señores en una Quinta y pactaron palabras claves, "Reelección" "Constitución", y el señor de las patillas se quedó cuatro años más.
El uno a uno comenzó a ser todos contra todos y el señor de las patillas recortadas junto al señor de ojitos claros se fueron, dejando una bomba de relojería a punto de estallar, y la frase más escuchada era "Comprá dólares". Esa nunca pasa de moda.
Y así vino una Alianza, compuesta de mucha gente y poco contenido y un señor que decía que no era "Aburrido" se hizo cargo de un gobierno que, desde el principio, estaba condenado al fracaso.
Un tal Chacho se fue y todo empezó a debilitarse aún más, y llamaron al señor de ojitos claros para alargar una muerte anunciada en crónicas ya escritas. Unos señores llamados FMI dejaron de socorrer y volvieron a escucharse viejas palabras, como "Desestabilización", "Estado de sitio" y algunas nuevas "Corralito", "Saqueos", "Cacerolas", "Helicóptero". Y el señor aburrido, se fue volando por los techos de la Rosada.
Empezamos a hablar de herencia y de un día para el otro nos encerramos para protegernos de una amenaza mundial. Y los primeros vacunatorios fueron VIP, las fiestas se hacían a escondidas y las culpas fueron de su querida Fabiola.
LLEGADA DESDE EL SUR
Treinta años después que regresara el General, llegaron desde el Sur un señor y su señora que, al mejor estilo del General, se apropiaron de la historia y de las palabras para juntar poder. Si vivera el General. Y así, casi sin darnos cuenta se escucharon palabras como "Nacionalización", "Ayuda social", "Piqueteros", "Corrupción".
Cuatro años más tarde, el señor puso a la señora en el sillón de Rivadavia y, cuando el Banco ya no bancaba porque se gastaron todo, las cosas empezaron a complicarse. La economía se transformó en "Economía social" y los trabajadores en "Planeros", palabras sin sentido en una Argentina con todo para ser grande. Creyeron que con una ley se iba a solucionar todo y "La 125" se convirtió en pancarta, de un lado y otro de "la grieta", otra nueva palabra. Dos periodos estuvo la señora. Y así, casi sin querer comenzamos a hablar con la "E" sin entendernos.
Nuevamente fuimos a votar, y la Banda regresó, pero acompañada de una Massa amontonada y de un líder que no lidera. Empezamos a hablar de herencia y de un día para el otro nos encerramos para protegernos de una amenaza mundial. Y los primeros vacunatorios fueron VIP, las fiestas se hacían a escondidas y las culpas fueron de su querida Fabiola. La señora empezó a exigir la lapicera y un tribunal dijo que era culpable, un copito con un arma trabada quiso convertirla en mártir y la culpa siempre fue del ingeniero.
La Massa se unió y se hizo cargo de la economía, pidiendo ayuda al FMI. Y llegamos a nuestros días, en que los padres de la vergüenza ahora son candidatos de una asociación que cambió de nombre, pero que sigue teniendo las ilicitudes de siempre.
Y así pasaron 50 años, que compusieron una generación diezmada por una política signada por sus propios intereses, una generación definida en pocas palabras, quizás una sola: "Desesperanza".
Por Francisco Girbert
DNI 23.110.647
