Si una debilidad se le reconoce a Carlos Gardel, ella fue sin dudas su decidida pasión por los "burros”. ¿O quizás habría que decir "’vocación” para no herir susceptibilidades muy arraigadas en grandes sectores de nuestros conciudadanos?
Carlos amaba el turf de manera incondicional y ya desde muy joven, siendo aún desconocido artísticamente, solía frecuentar el famoso "Bajo Belgrano”, barriada porteña caracterizada por la cantidad de studs y bares de aficionados a las carreras de caballos, como lo menciona la letra del tango homónimo vuelto a popularizar hace ya algunos años por Jorge Vidal.
Fue alrededor de 1911 que Gardel se involucró directamente con el ambiente del turf, conociéndose las oportunidades en que ganaba por los muebles nuevos del departamento o por los vestidos que estrenaba Doña Berta, aunque en realidad eran muchas más las veces en las que perdía. Según sus amigos más cercanos, "Don Carlos”, como gustaban llamarle, acostumbraba jugar sumas de dinero bastante importantes ya desde la época en que todavía no eran tan significativos los contratos de sus actuaciones artísticas.
Una anécdota que recuerdan sus biógrafos tuvo lugar en ocasión de la derrota del famoso "’Botafogo” en manos de "’Grey Fox”, en momentos en que el dúo Gardel – Razzano se encontraba realizando una gira por el interior de la provincia de Buenos Aires. Cuando los cantores recibieron la noticia contrataron un coche que los llevara hasta la estación más cercana a fin de regresar en el primer tren posible que les permitiera no perderse la muy mentada revancha del potrillo más popular. Y como consecuencia, los habitantes de General Pico se quedaron pidiendo la devolución del importe de sus entradas.
Al recordar el "’Zorzal”, no podemos hacer menos que resaltar su profunda amistad con el legendario "’Pulpo” Ireneo Leguisamo, aceptado por casi todos los autores como el mejor amigo que tuvo Gardel en Buenos Aires, quien llegara de la vecina orilla del Plata en 1922 para ser considerado por los entendidos como el máximo entre los jockeys de todos los tiempos, pues marcó con su presencia toda una época en los hipódromos argentinos con casi 12.000 carreras y 4.000 triunfos en 50 años de actuación, un récord que será por siempre muy difícil de igualar.
Esa amistad se mantuvo durante toda la vida de Gardel y fue tan profunda que juntos recorrieron Europa, pasaron muchas horas de cabaret y fiestas nocturnas hasta, según contara la propia Isabel del Valle, participar Leguisamo como "’chaperón” en numerosas salidas de Carlos con su novia oficial. De tan profundo sentimiento fraternal nos queda el testimonio imborrable de "’Leguisamo solo”, estrenado por Tita Merello, uno de los tangos más conocido por integrar el repertorio de casi todos los intérpretes de nuestra música nacional, grabado por Gardel en dos oportunidades, la primera en Barcelona y después en Buenos Aires, pocos días luego de un triunfo del "’Pulpo” montando a "’Lunático”.
Este ambiente de studs e hipódromos quedó reflejado en el repertorio del Zorzal con numerosas piezas que tratan el tema, como el mencionado "’Leguisamo solo” (1925 y 1927), para continuar con "’Bajo Belgrano” y "’Soy una fiera” (1926), "’Palermo” y "’Uno y uno” (1929), "’Prepárate pa’l domingo” (1931), y culminando en Nueva York con "’Por una cabeza” (1936). Como el mismo Carlos decía: "’Y…qué le vamos a hacer.. …hay que vivir..
