La bandera de los derechos humanos flamea prácticamente en todos los países del mundo, con firmes pronunciamientos políticos y leyes para garantizar los principios de libertad que dignifican a las personas y, en particular, en defensa de los sectores más vulnerables. Sin embargo, estas normativas no se cumplen en numerosos lugares por la ausencia de políticas activas para materializar los principios plasmados en el papel. También se mantienen al margen de los atropellos, gobiernos que suscribieron acuerdos internacionales para respetar la transparencia de sus actos, el acceso a la información y la
participación ciudadana,
Lo que constituye una verdadera hipocresía es la pasividad internacional ante la tragedia humanitaria desencadenada por las oleadas de migrantes y refugiados que deambulan por los mares o trasponiendo fronteras en busca de ayuda para sobrevivir. Hasta hace poco sólo se conocían las penosas travesías del Mediterráneo de miles de familias huyendo del horror vivido en sus lugares de origen.
Lampedusa es una muestra pero hay peores casos de horror, como el que viven alrededor de 6.000 inmigrantes bangladeshíes y rohingyas a la deriva y en condiciones penosas, mientras Malasia, Indonesia y Tailandia se unieron en un "plan de devolución" al mar de embarcaciones congestionadas de gente que pide socorro. La única respuesta fue darles agua, comida y combustible para que abandonen las aguas territoriales y sigan hacia un rumbo incierto.
Las críticas de la ONU también se centran en las amenazas lanzadas por países que han criminalizado a los inmigrantes y a solicitantes de asilo vulnerables, que ingresan de manera irregular. Son personas con derechos que se deben respetar. No obstante, en muchas naciones las leyes consideran a los inmigrantes como un problema encuadrado en la seguridad nacional, incluso Chile así lo considera, lo que hace de todas las personas extranjeras que transitan por su territorio sean vistas como una amenaza potencial y no se considere como un derecho humano que requiere atención prioritaria.
Existen situaciones similares en nuestro continente, tanto con los inmigrantes indocumentados, que son repatriados en varios países, como también en los derechos restringidos para aquellos que encuentran un lugar pero perseguidos por su condición de apátrida forzado. Los derechos humanos deben garantizarse para todos mirando al futuro y sin condicionamientos ideológicos.
