La Dama de la Justicia es la personificación alegórica de la fuerza moral en los sistemas judiciales. Se la representa con una balanza suspendida de su mano derecha, en la que se mide la fuerza de apoyo de un caso y la oposición. También es a menudo vista llevando una espada de dos filos en su mano izquierda, simbolizando el poder de la razón y la justicia, que puede ser ejercido a favor o en contra de cualquiera de las partes.
Desde el siglo XV, ha sido a menudo personificada con los ojos vendados, indicando la objetividad en que la justicia debería aplicarse, de modo imparcial sin miedos ni favoritismos, independiente de la identidad, el dinero, el poder o debilidad. A ella se ha referido el papa Francisco en el fuerte discurso pronunciado ante los 150 jueces y fiscales de más de diez países, incluida la Argentina, que se reunieron en el Vaticano el viernes pasado.
Allí afirmó: ‘Todos conocemos la caricatura, para estos casos, de la justicia, ¿no?: La justicia con los ojos vendados que se le va cayendo la venda y le tapa la boca. Los jueces tomen plena conciencia de este desafío, y sientan la importancia de su responsabilidad ante la sociedad. Yo sé que ustedes sufren presiones y amenazas, y que hoy día ser juez o fiscal, es arriesgar el pellejo. Eso merece un reconocimiento a la valentía de aquellos que quieren seguir siendo libres en el ejercicio de su función jurídica. Sin esta libertad, el poder judicial de una Nación, se corrompe y siembra corrupción. No caigan en la telaraña de la corrupción y rechacen las presiones de gobiernos, entidades privadas o estructuras de pecado como las mafias’.
Es que los jueces tienen que ser sólo jueces y les está prohibido legal y éticamente tener especulaciones, negociaciones o preferencias políticas, porque deben juzgar sólo según la ley y la Constitución. Esto es lo que debe ser y así ocurre en el mundo desarrollado. Tener una justicia independiente y rigurosa no es una consecuencia, sino un requisito para convertirnos en un país y en una provincia relevante. No haber tenido una justicia así en las últimas décadas es lo que nos dañó en materia económica, social y cultural. Fuimos invadidos por la corrupción y la inoperancia, que no encontraron un límite en el sistema legal. La mala justicia no aplicaba la ley o la aplicaba tarde y mal. Es un vicio peligroso.
Lo dijo Platón: ‘La peor forma de injusticia es la justicia simulada’.
