En su tercer viaje internacional, luego de visitar Brasil y Tierra Santa, el papa Francisco llega hoy a Corea del Sur interesado en la evangelización de Asia como misión apostólica y, en el aspecto político, su deseo de alcanzar la reconciliación de la península. Para esta misión de paz lo acompañan el secretario de Estado Vaticano, Pietro Parolin y el presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, Stanislaw Rylko, quienes se reunirán con la presidenta Park Geun-hye.
El lunes, último día de su visita, celebrará la misa para "la paz y la reconciliación”, en la catedral de Myeong-dong en Seúl, donde se espera una representación de los católicos de Corea del Norte, pero será difícil dada la negativa del régimen de Pionyang. La reunión tiene gran trascendencia, ya que en este país los católicos son apenas el 10% de la población, aunque se vive una Iglesia dinámica con 100.000 bautizos de adultos anuales.
El pontífice participará, entre otros actos el sábado, en la ceremonia de beatificación en la simbólica plaza de Gwanghwamun donde se plantea un mayor reto en materia de seguridad, ya que se desarrollará en pleno corazón de Seúl y contará con 170.000 asistentes registrados oficialmente, aunque podrían congregarse hasta un millón, según la policía.
Desde hace varios días el arribo del papa Francisco a Corea del Sur ha despertado una expectativa sin precedentes en la población, con actividades que van desde exposiciones hasta series de televisión y películas. El catolicismo está hoy más presente que nunca en este país, más todavía por la beatificación de Paul Yun Ji-Chung y otros 123 mártires, asesinados por su fe en 1791 con la llegada del cristianismo a Corea.
