Jesús dijo: ‘Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos (Jn 10,27-30). Este IV Domingo de Pascua es llamado ‘Domingo del Buen Pastor”, porque anualmente se presenta a Jesús bajo la imagen del pastor que con ternura se hace cargo del rebaño que el Padre le ha confiado. La grey era un verdadero tesoro, e incluso, una sola oveja lo era, no sólo desde el punto de vista económico que representaba, sino por el tipo de relación que se constituía entre oveja y pastor. Jesús humaniza este tipo de vínculo hasta hacerlo modelo expresivo de la relación de amor que lo une al Padre, y de ellos dos al rebaño y a cada oveja en particular. El evangelio de hoy señala cuáles son esas características: conocimiento, intimidad, premura, total dedicación e indestructible unidad. Un vínculo dinámico, expresado con verbos y adjetivos de pertenencia personal: ‘mis” ovejas, escuchar, conocer, seguir, dar la vida. Escuchar es algo más que oír, porque en la escucha no es involucrado solamente el oído sino toda la persona, incluso el corazón, ya que supone una conciencia de pertenencia a quien habla. La unión profunda e íntima que vincula al pastor con su oveja se expresa con el verbo ‘conocer”, que posee un significado más profundo que el atribuido habitualmente. Para el evangelista Juan, ‘conocer” expresa la comunión intensa e íntima que puede presentarse entre dos personas que se aman, de modo tal que una se pierde en la otra. ‘Yo a mis ovejas las conozco por su nombre”. A cada una. Y no por su ficha, no por su cédula, no por su número de orden. Por lo que el nombre significa en el mundo del Nuevo Testamento y con la intensidad que, también allí, el verbo ‘conocer” tiene. El ‘nombre” que cala en los más profundo de lo que cada uno es. No el de la lista con que llama el profesor al frente, sino el que susurran los labios de la madre, estalla en la boca del enamorado, conjuga recuerdos cálidos en la voz de los ancianos. El nombre que resume todos nuestros instantes, que define nuestro carácter, devela nuestra persona más íntima, aúna todas nuestras alegrías y tristezas, recoge nuestros talentos y nuestros traumas, nuestros éxitos y nuestras vergüenzas, lo que hemos recibido, lo que hemos conseguido: logros y fracasos, lo que nos han hecho, y lo que aún queremos o quisiéramos ser. Ese ‘nombre” el Señor lo conoce. El Nuevo Testamento no conjuga el verbo ‘conocer” como los griegos: la inteligencia que mira y observa. ‘Conocer”, en el mundo bíblico, es todo un movimiento de empatía que conjuga mente y corazón. Pero hay una frase del evangelio que nos da seguridad y esperanza: ‘A mis ovejas nadie las arrebatará de mi mano y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre”. Las manos de Dios son las manos del Padre, rico en misericordia. Todo hombre está en las manos de Dios, que son las que lo hicieron y plasmaron, como canta el salmista (cf. Salmo 118); esas manos fuertes y seguras que guían y protegen; esas manos prontas a acoger incluso a los hijos que se alejan y regresan arrepentidos; esas manos tiernas, como las de la madre, que acarician y confortan y que, como leemos en el libro del Apocalipsis, secarán toda lágrima, cuando superado el limite del tiempo nos encontremos delante de Él (cf. Ap 21,4). Este ejemplo maravilloso del Buen Pastor, hoy la Iglesia universal y el mundo entero lo encuentra en el papa Francisco, quien encarna todas las actitudes y el estilo del verdadero pastor al que se refiere el Evangelio.
Él siempre tiene con los sacerdotes y con todo aquel que desea hablar con él, esa cercanía que supera todo protocolo y que disuelve toda distancia. Es el que está cerca. El que no vive la indiferencia, porque para él todo ser humano es importante, sobre todo si sos pobre, si estás sufriendo, o se desdibujaron los horizontes.
Es el hombre de Dios que te ‘acerca” futuro con su presencia serena, compasiva y misericordiosa. No puedo olvidar jamás que él fue el primero en llamarme cuando murió mi padre para saber cómo estaba; el que siempre te decía: ‘contá conmigo para lo que necesites”. Un pastor auténtico que cuando te invitaba a hablar en su humilde despacho, nunca se ponía en frente sino al lado tuyo y te ‘escuchaba”, alentaba, consolaba y agradecía el trabajo que uno pudo haber hecho.
Ayer lo vimos en la isla de Lesbos (Grecia), en una visita ecuménica y humanitaria, almorzando con refugiados que huyen de la guerra, al mejor estilo de Cristo. Recemos por él como nos pide a diario, para que siguiendo su ejemplo aprendamos a abandonar el lenguaje de la condena, sabiendo acercar a todos sin exclusión, la salvación inclusiva

