La reunión que mantuvo la semana pasada el papa Francisco con el jeque Mohammed Bin Zayed, de los Emiratos Árabes Unidos (EAU), representa una luz de esperanza en el mejoramiento de las relaciones entre el mundo cristiano con el musulmán, en momentos que hace falta establecer un diálogo tendiente a alcanzar la paz mundial. El encuentro, convocado a poco de que el Sumo Pontífice solicitara a líderes religiosos de todo el mundo la condena a los terroristas que utilizan el nombre de Dios para justificar la violencia, posibilitó el tratamiento de cuestiones humanitarias y de cooperación bilateral entre el Vaticano y los Emiratos Arabes.
El jeque Mohammed Bin Zayeb es el actual primer ministro y vicepresidente de EAU y, a la vez, el mandatario del Emirato de Dubai, uno de los siete emiratos que se destaca por su desarrollo social y económico. Su capacidad de conducción lo ha hecho artífice de una serie reformas dentro del gobierno de los EAU, basadas en la Estrategia de Gobierno de la Federación, que se lanzó en 2007, y que ha tenido muy buenos resultados.
El encuentro del líder musulmán con Bergoglio se ha dado en función de que desde hace tiempo el jeque viene promoviendo un acercamiento en busca de que cristianos y musulmanes establezcan relaciones con amplio diálogo. Se trata de un gesto inédito ya que quienes siguen de cerca las actividades musulmanas en las redes sociales aseguran que no es raro ver mensajes a favor del diálogo y el respeto, ahora concretado por las máximas autoridades de uno y otro credo.
Es así que medios gubernamentales de los Emiratos valoraron como histórico y estimulante mensaje de coexistencia al mundo del positivo encuentro que llevó implícito el enfoque de tolerancia y asociación humana perseguido por EAU, donde personas de 200 nacionalidades y diferentes credos y lenguas viven, trabajan y rezan con completa libertad y sin sufrir discriminación por religión, color de la piel, sexo o identidad.
El viaje de Mohammed Bin Zayeb para reunirse con el Sumo Pontífice se lo valora como iniciativa propia y en momentos en que proliferan acciones descontroladas, caos, guerras, pobreza, migración y odio, y como un reconocimiento a la posición de Francisco para combatir ideologías extremistas y violentas. Mucho más todavía se ponderó este encuentro en el plano internacional.
