La fragmentación social es grave porque conlleva al aumento de la delincuencia infanto-juvenil. No se advierte, hasta el momento, que las autoridades tomen en serio esta realidad para trazar alguna política del Estado destinada a esa enorme franja de habitantes que debe ser encausada.
¿Cómo encausarla? Con las dos oferta tradicionales, educación y trabajo. No hay otro camino pero falta la decisión política que implante estas posibilidades prácticas, alejada de los discursos proselitistas. Si no se llega a ello, el destino de esos jóvenes va a ser duro y se reflejará rápidamente en las comunidades, porque qué hace un chico carente de una buena guía familiar y sin oportunidades de estudio y ocupación. Ese chico va a la calle, a los boliches si tiene plata, o compra bebidas y las consume en las veredas. Esta escena se puede ver a menudo en cualquier ciudad y o pueblo del país.
Este cuadro es bastante patético, que cuenta con anuencia de algunos mayores que lucran de cualquier manera, sin ningún remordimiento por lo que hacen. Este cuadro coloca al adolescente en una marcada situación de soledad, hecho que los debe traicionar en algún momento, tal vez en la decisión de tomar un arma. Y lo grave es que las fuerzas de seguridad no alcanzan para vencer esta distorsionada y amenazante situación.
No se habla de inseguridad, desde el atril oficial, hecho que llama la atención mientras el drama se multiplica involucra a gente joven y desubicada. Existe una necesidad inmediata para resolver el porvenir de entre 800.000 y 1.000.000 de jóvenes a quienes se considera marginales estructurales, o un pozo de donde hay que rescatarlos para que a través de programas formativos se superen así mismos.
Y lo que hay que entender rápidamente es que una sociedad no puede arrastrar esa indigencia moral y espiritual, capaz de dañar los bienes y las vidas de las personas que viven con normalidad. Hace falta que los políticos, tan entretenidos ahora por las elecciones del año que viene, hagan oír su voz, demanden a las autoridades correspondientes la solución para esta situación alarmante.
Alguien deberá hacerlo -o tal vez debería haberlo hecho ya- y ese alguien será muy bien mirado por la ciudadanía que ha tenido que cambiar sus hábitos para evitar ser víctima de delitos que han asombrado en los últimos tiempos.
