En la publicación "Educación de los hijos", de fecha 11-10-2016, de DIARIO DE CUYO, entre otros conceptos que comparto en plenitud, se expresaba "Los estudios pedagógicos han concluido en que la educación debe sacar lo mejor de las personas y esta educación implica todo un conjunto de conocimientos científicos y técnicos que deben ir en concordancia con el desarrollo pleno del alumno, como el aprender a pensar, discernir el bien del mal; conocer el valor de la belleza y rectitud, que sólo buscan hacer una mejor persona".
En este contexto quiero rememorar a Paulo Freire, quien señalaba que el "maestro" es el hombre, el ser humano, el de los principios, el pedagogo de ayer, de hoy y de siempre", y que la "La educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo".
Pero quiero recordar también, a Karl Menninger quien señalaba "que lo que se da a los niños, los niños le darán a la sociedad", y a Nelson Mandela, quien advertía "el fin último de la educación, no es la perfección en las tareas escolares, sino la preparación para la vida; no es la adquisición de hábitos de obediencia ciega y de diligencia prescrita, sino una preparación para la acción independiente, porque la educación es el arma más poderosa que puede cambiar el mundo".
Son muchos los entendidos que sostienen que no se educa en abstracto. Se educa, para intentar mejorar la sociedad y crear personas capaces de vivir en ella, y en este universo, el maestro no es el inventor de la educación, sino un educador de la gente y los ciudadanos que la ejercitan.
Reconociendo, que no toda la educación transcurre dentro de la escuela, y que la escuela y en general el sistema educativo, es la principal institución destinada a hacer circular el conocimiento y preparar al individuo para el ejercicio de sus futuros roles, me parece oportuno rescatar algunos de los que configuran hoy, tanto logros como resultados.
Un informe elaborado por la Unesco sostiene que Argentina está en la cima de los países con mayor igualdad de oportunidades para el estudio, que el sistema educativo es uno de los más igualitarios de la región, y que el nivel de inversión educativa en relación con el PBI, es uno de los más altos en América latina y el Caribe.
El "Informe PISA" publicado por la OCDE, establece que el colectivo de estudiantes argentinos se ubica entre los diez peores de las 64 naciones analizadas, que un alto porcentaje de alumnos de la primaria y secundaria no alcanzan los niveles mínimos de aprendizaje, que las zonas con peores resultados se ubican en el centro del país, la Patagonia y parte del Noreste, y que el porcentaje de alumnos con un desempeño alto es particularmente bajo entre segundo y tercer año de la secundaria, justo cuando los alumnos empiezan a encarrilar sus camino universitario.
En este escenario, 7 millones de adultos no cuentan con el secundario, el 50% de los estudiantes secundarios, no logra interpretar un texto que comúnmente los estudiantes de otros países interpretan correctamente y que el 25% no logra entender el más simple de los textos.
Pero por sobre esta lastimosa realidad, existe otra situación que definitivamente debiera preocuparnos como sociedad.
En forma cotidiana, observamos la forma burda, ordinaria y muchas veces grosera, con la que se relacionan estudiantes hombres y mujeres. Desde hace varios años se viene dando cuenta, la forma progresiva con que maestros y profesores son objeto de parte de sus alumnos, de atropellos, amenazas e inclusive castigos y escarmientos.
En forma diaria observamos como en cualquier colectivo de transporte público, los estudiantes primarios, secundarios y universitarios, hacen gala de su falta de solidaridad, respeto y educación, cuando se confabulan irónicamente para no cederle el asiento a un anciano, una mujer embarazada, un discapacitado etc.
Como reza en el evangelio "No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo, dar frutos buenos", estimo que todos estos hechos no sólo requieren de un reflexión docente, demandan que como sociedad, seamos capaces de comenzar a dar los primeros pasos.
En este contexto y tomando como referencia experiencias exitosas en países vecinos, me permito solicitar a maestros y profesores, que dentro de los horizontes educativos estipulen desde la formación que imparten, el respeto y solidaridad de sus alumnos por sus semejantes y solicito adicionalmente, que cualquier diputado provincial oficie a través de una ley, la obligatoriedad de que en cada colectivo de transporte público, se inserten 4 carteles, 2 por cada lateral, que expresen textualmente lo siguiente: "Estudiante: Ceda el asiento a mujeres embarazadas, ancianos y personas con capacidades diferentes”. Es posible que esto contribuya a generar el primer embrión, de una juventud que en la medida en que se la encamine a creer en valores, se la encauce a sentir como ciudadano, el compromiso, respeto y amor que debe sentir por sus semejantes, pero también por su terruño y por su Patria.
