La Cámara de Diputados de la Nación sancionó finalmente la ley para combatir el tabaquismo, que prohibe fumar en todos los ambientes públicos cerrados, impide la publicidad de todo producto elaborado sobre la base de tabaco, limita los lugares de expendio y veda la venta de cigarrillos a menores de 18 años, entre otras medidas. A partir de esta ley desaparecerán los espacios para fumadores en restaurantes, bares y otros espacios cerrados.

Pioneras en ambientes ciento por ciento libres de humo, varios distritos argentinos cuentan con legislaciones para regular el control de tabaco: San Juan, Capital Federal, Córdoba, Tucumán, Mendoza, Neuquén, Entre Ríos, San Luis y Santiago del Estero, aunque aún se debe procurar que la nueva norma se aplique sin concesiones. Se sabe que fumar reduce entre 8 y 10 años la vida y diariamente, en nuestro país mueren alrededor de 110 personas por trastornos relacionados con el cigarrillo. Es que el humo de tabaco contiene 4000 sustancias tóxicas y 40 sustancias que causan cáncer.

Según la última Encuesta nacional de Factores de Riesgo, tres de cada 10 personas fuma en el país. Eso incluye al 26% de las mujeres en edad reproductiva, que en promedio consume 9,4 cigarrillos diarios. En la Argentina, el 30% de la población adulta fuma, se producen más de 40.000 muertes anuales como consecuencia del consumo y 6000 muertes de no fumadores por exposición al humo de tabaco ajeno.

Sigue doliendo que sean los jóvenes los que encabecen cada vez con mayor frecuencia las estadísticas sobre la población que fuma en la Argentina. En nuestro país, varias ONG vienen alertando en los últimos años sobre este fenómeno: tres de cada diez chicos de entre 13 y 16 años ya han empezado a fumar, con los consiguientes riesgos para la salud que esto les acarreará. Además, el sector joven es el preferido de la publicidad de cigarrillos, que está presente en los espectáculos o acontecimientos deportivos, para transformar el fumar en un elemento imprescindible de la vida moderna en estos contextos, concebido como un valor de integración y no como lo que es en realidad: una posibilidad cierta de comprometer la salud general en el mediano y largo plazo.

La educación es también en este caso, la base fundamental para crear conciencia desde el Estado hacia las familias y la escuela, y alentar a los mayores a no consumir para servir de modelo de conducta de los más jóvenes.