En la sociedad de estas últimas décadas se ha observado una tendencia que en un punto, tanto la escuela pública como la privada, coinciden en que el ritmo escolar se ve afectado y alterado por el calendario de feriados. Factor determinante para el cálculo de los días de clases que se pretende se cumplan durante el próximo ciclo lectivo 2107.
Una política de Estado economicista establece que la economía interna del país condiciona la vida ciudadana del pueblo.
Cuando uno observa la labor legislativa del Congreso Nacional que impone "feriado nacional por única vez” a tal suceso histórico con argumentaciones más conmemorativas que razones de valía; cuando observamos el ranking de países con más feriados laborables ocupando un tristemente segundo lugar detrás de un país africano; cuando observamos el catastrófico descenso de la educación argentina entre los países de América latina, donde, entre otros factores, es por la reducción de tiempo escolar irrecuperable por el accionar gremial, que ostenta la única herramienta de la huelga como reclamo; cuando observamos los resultados de las evaluaciones educativas, llámense estas PISA, ONE, Aprender, cuyas justificaciones y/o argumentaciones políticas difieren de una objetiva realidad; cuando miramos los Certificados de Terminalidad y Aprobación del Ciclo Secundario que distan de verdaderos títulos de preparación y capacitación laboral, como lo expresan empresarios y dirigentes de empresas de todos los rubros industriales y comerciales; cuando hablamos de Planes Fines implementados para regalar "títulos secundarios” bajo el formato oficial; cuando hablamos de otras tantas formas de "educar al Soberano”, lejos, muy lejos de diseños pedagógicos y curriculares que la sociedad necesita bajo la equidad e inclusión educativa que todo ciudadano necesita en su auténtica educación de calidad y no declamada desde un relato del funcionario de turno o prometida desde la tribuna política.
Pero esas y otras tantas consideraciones de mérito, no adquieren dimensión de relevancia cuando hablamos de la actividad turística. Ya sea por la capacidad lobista de los actores del sector; por las mediciones monetaristas al hablar de los millones de pesos que estimativamente movió el turismo o la cantidad de personas que se desplazó a los centros de veraneo o descanso frente a la idea que unos días de pausa no pueden afectar el estudios de nuestros jóvenes.
Ese es un punto de inflexión cuando entre la clase política y el pueblo se plantea el país que queremos.
La Educación es solamente una variable social y un tradición electoral porque es un tema sensible para el ciudadano, pero que el involucramiento serio del Estado estriba en imponer un sistema de facilísimo al deber y al compromiso del estudios serio y responsable.
A nadie escapa el rosario de razones y de argumentaciones para explicar la debacle educativa desde la derogación de la Ley de Educación 1420, y aún hoy los especialistas explican al Sistema Educativo con innumerables planes y programas que no ven los resultados esperados, pero sí representan una fuente laboral, para transformarlo en un laboratorio de teorías pedagógicas progresistas.
Y a la conclusión que se llegó es que hay que hablar de calidad educativa porque en la Argentina, ese elemento de la educación ya no existe. Esa calidad es solo un relato de Perogrullo, colmado de metáforas políticas.
¿Quién, con honestidad intelectual, puede defender la Educación cuando se decidió con espíritu, criterio y voluntad, reducir un 32% el presupuesto de Ciencias e Investigación, y de esa manera plasmar un futuro de degradación, coartando la magnitud universal de la investigación, reduciendo a simple y elemental supervivencia a la ciencia, en contraposición a mayores erogaciones presupuestarias de la política?.
Hoy planean 180 días de clases con tantos feriados y feriados puentes y un proceso electoral en ciernes que ya comenzó a gestarse, transitarán las PASOS para llegar a octubre con elecciones legislativas.
Esto nos lleva a mostrarnos un escenario social donde el crecimiento de la Nación es simplemente una falacia.
