De los problemas sociales que son parte de la realidad argentina, los hechos delictivos y los accidentes viales son los fenómenos más preocupantes por el número de muertos que provocan. Entre ellos existe una extraña correlación en función de que generalmente pueden ser evitables con mayores controles y políticas de prevención que no se aplican en la medida de lo necesario.

La ola delictiva que azota a todo el país se ve reflejada a diario en la crónica policial con variadas modalidades aplicadas en asaltos y robos. De ellas el "sadismo” es la más preocupante ya que demuestra la violencia instalada en la sociedad y el desprecio por la vida humana. También están las "entraderas”, los "escruches”, los "arrebatos” y otras tantas formas de apropiarse de lo ajeno, a lo que se suma la peligrosa modalidad del ingreso de delincuentes a las viviendas mientras sus moradores permanecen en ellas, especialmente en horas de la noche, como lo ocurrido a varias familias en nuestra provincia, al ser sorprendidas por delincuentes, en sus propios hogares, en horarios de descanso, o de reunión familiar.

Respecto de los accidentes viales en todo el país, la organización "Luchemos por la Vida” maneja estadísticas que señalan que durante 2012, hubo 7.485 muertos, con un promedio diario de 21 personas y mensual de 624. Si bien la cifra es levemente menor a la de 2011, el índice sigue siendo elevado colocando a la Argentina entre los países con más alta tasa de mortalidad por esa causa. La situación local no es diferente, con un total de 133 muertes durante el último año.

El otro saldo de los accidentes de tránsito es el de los heridos con sus secuelas físicas y psíquicas. Se calcula que 8 de cada 10 que sobreviven a un accidente quedan afectados con incidencias en sus familias y en el ámbito laboral.

Las principales causas de las tragedias son la velocidad excesiva, ingestión de bebidas alcohólicas, y la conducción con sueño, lo que podría evitarse con la aplicación de controles más exhaustivos y una concientización más agresiva. Lo mismo ocurre con la delincuencia, en el sentido de atacar sus causas de origen con un trabajo en conjunto que combine el aspecto social con el policial de una forma más estrecha, lo que demanda responsabilidad de todos los sectores de la sociedad.