Si bien las encuestas electorales no son del todo confiables, muestran una tendencia que por lo general se refleja en las urnas y más ante las elecciones presidenciales de Bolivia, convocadas para mañana, donde Evo Morales se perfila como claro ganador con un porcentaje que oscila entre 57 y 59 puntos, según los últimos sondeos.
La Ley de Régimen Electoral boliviano impone una rigurosa veda de 72 horas antes de los comicios, con control a los medios y las redes sociales para evitar la propaganda ya que existe un vacío jurídico que no contempla a las autoridades que también son candidatas. En ese sentido, la Justicia electoral exhortó a Evo a acatar él también, como candidato, el mismo silencio electoral exigido a los cuatro candidatos de la oposición: Samuel Doria Medina (Unidad Nacional), Jorge Quiroga (Democracia Cristiana), Juan del Granado (Movimiento sin Miedo) y Fernando Vargas (Partido Verde).
Las elecciones bolivianas se diferencian del panorama que enfrentan otros oficialismos sudamericanos, como es el caso del Partido de los Trabajadores en Brasil y del Frente Amplio en Uruguay, cuyos candidatos deberán medirse en inciertas segundas vueltas para seguir en el poder. En cambio, el Movimiento al Socialismo (MAS) de Evo Morales llega a estas elecciones con la seguridad de que el primer mandatario indígena del Altiplano accederá a su tercer período consecutivo.
El apoyo mayoritario lo ha logrado fortaleciendo la economía, con alto grado de equidad social, y obras básicas en un país que con alto déficit de infraestructura y servicios. Ahora Evo se apresta a concretar sus promesas de industrialización del hierro, ampliar la generación termoeléctrica y los grandes proyectos viales que se requieren para superar el aislamiento del precario sistema vial.
Evo ha pedido a sus seguidores alcanzar mañana el 80% de los votos para que se haga realidad un objetivo político codiciado por todo régimen de izquierda: mantener la mayoría automática del Congreso para emprender una nueva reforma constitucional que le garantice la reelección indefinida.
La desgastada oposición poco puede hacer en esta democracia desvirtuada. El más cercano es el empresario Doria Medina, que a sus 55 años vuelve a pelear por la presidencia. Su meta es apoyar a la pequeña empresa para derrotar a la pobreza extrema pero, ante todo, forzar una segunda vuelta contra Evo. Difícil, con 40 puntos de diferencia.
