Un considerable aumento de las temperaturas en las aguas del Océano Pacífico y el traslado rápido de las corrientes cálidas hacia el este, han aumentado las preocupaciones acerca de que este año el patrón climático del fenómeno conocido como El Niño pueda ser uno de los más fuertes en varias décadas, según coinciden climatólogos y científicos en el plano internacional.
Estos ciclos, que décadas atrás se cumplían con regularidad y particularmente beneficiaban a zonas como San Juan al producirse mayores precipitaciones níveas en la alta cordillera, han variado drásticamente en los últimos años y es uno de los factores que habrían incidido en la persistente sequía en esta región del continente, además de las lluvias atípicas del último verano en nuestra provincia.
El mes pasado la Oficina de Meteorología de Australia, que estudia el comportamiento de las corrientes del Pacífico Sur, coincidió con los estudios publicados por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, al señalar que las alteraciones que dan lugar a El Niño lo marcan los fuertes vientos que aparecieron temprano, en los últimos dos meses, y de carácter inusual, propio de un calentamiento bastante grande del sistema de los llamados efectos precondicionados.
En ese sentido la Dirección Meteorológica de Chile destacó la alteración de estos patrones eólicos que puede desencadenar inundaciones y sequías en diferentes partes del planeta, a la vez de dar el alerta en torno al probable efecto que tendrá este año el evento entre Coquimbo y la región de Los Lagos. También la probabilidad de que el temido fenómeno de El Niño golpee al hemisferio Norte en los próximos meses, fue pronosticada ayer por el Centro de Pronósticos Climáticos de los EEUU en un 65% hasta ahora, proyectando este panorama a una incertidumbre global al condicionar a los mercados mundiales de materias primas y energía.
Lejos de ser una variante drástica de alcance regional, El Niño puede hacer estragos en las cosechas al desencadenar sequías en el sudeste asiático y Australia e inundaciones en Estados Unidos y Sudamérica. En otras palabras, la amplitud de estas anomalías pronunciadas por el cambio climático, nos indica que nadie está fuera de sucesos atípicos que obligan a estar a la defensiva.
