Dice Juan Pablo II que Dios escogió un nuevo pueblo entre los habitantes de estas tierras que, aunque desconocidos para el Viejo Mundo, eran bien "conocidos por Dios desde toda la eternidad y por él siempre abrazados con la paternidad que el Hijo ha revelado en la plenitud de los tiempos”.
Cristo se ha manifestado a los pueblos de América por medio de los Santos.
Antonio de Montesinos fue un fraile dominico español que llegó a la Isla La Española en 1510 dentro del primer grupo de misioneros. Advirtió rápidamente las condiciones en las que trabajaban los aborígenes a las órdenes de los encomenderos. Los dominicos no tardaron en denunciar esta situación por medio de la voz de este gran evangelizador de América. En el sermón de la misa del cuarto domingo de Adviento, es decir el 21 de diciembre de 1511, frente a las máximas autoridades de la isla La Española, el fraile se expresó con toda claridad sobre la explotación que encomenderos aplicaban a los nativos del lugar.
-¿Estos acaso no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales?
Las expresiones dieron lugar a la indignación de los funcionarios de la isla, quienes solicitaron que el dominico se retractara a la brevedad de los dichos en la misa. Sin embargo el religioso no se retractó y arremetió con más argumentos a favor de la defensa de la dignidad de las personas explotadas.
La disputa llegó a oídos de la Corona y el Rey Fernando el Católico convocó a la junta de Burgos, para resolver la polémica, dando lugar a las leyes de Burgos, que fijaban un marco jurídico más favorable para el trabajo en las encomiendas.
Bartolomé de las casas fue un hijo de comerciantes que tenía hombres nativos de América a su cargo. Pronto la conciencia le reprochó tal situación y decidió abandonar su puesto de mando. A cambio, se convirtió en un fervoroso defensor de los derechos de los pueblos autóctonos, transformándose en fray Bartolomé de las Casas. Por tal situación fue expulsado en forma reiterada desde América hacia España ya que constituía un obstáculo para los conquistadores. Y siempre que podía, volvía inmediatamente al lugar de su misión que nunca abandonó.
Los jesuitas son otro ejemplo de la manifestación de Cristo en tierras americanas. El historiador Magnus Mörner, de la universidad de Estocolmo ha escrito una de las obras más completas sobre las misiones. Su distancia geográfica e ideológica en relación con el fenómeno de análisis aportan objetividad a la obra referida a las implicancias de las actividades políticas y económicas de los jesuitas en el Río de la Plata. En ella se leen datos estadísticos a cerca de la organización, la población y la producción de bienes que salían con destino a Chile y al Alto Perú.
El tratado de límites firmado entre Portugal y España, iba a afectar profundamente el destino de los jesuitas.
Fueron inútiles las protestas de los religiosos de la Compañía de Jesús. Se llevó a cabo la evacuación forzada de los pueblos guaraníes que se levantaron en armas rehusando dejar sus tierras. Pero la expedición luso-española, subyugó fácilmente a la región guaraní a comienzos de 1756, y pudo llevarse a cabo en poco tiempo la evacuación.
Son reveladoras las palabras del conde de Aranda, el ejecutor principal de la expulsión en una carta escrita luego de arrestar a los sacerdotes jesuitas. Dijo el conde: Anticipé el peligro de confiar provincias enteras a un grupo de sacerdotes jesuitas con un superior fuera del reino. Porque no se les enseñaba la lengua española a los indios sino que los sacerdotes aprendieron a hablar como ellos. No respetaron las leyes. Tampoco permitían la contratación exclusiva de los nativos en trabajos forzados. En adelante, las misiones de la compañía debían ser reducidas al gobierno civil y hasta la designación de los misioneros debía tocar a los administradores civiles sin el concurso de los prelados.
En este complejo acontecimiento histórico debemos reconocer con responsabilidad, que han existido hombres que vinieron desde el viejo mundo motivados por intereses materiales. No nos corresponde a nosotros juzgar las intenciones de los hombres a lo largo de la historia. Pero resulta evidente que los santos han advertido la presencia de Dios en sus vidas. Han sido verdaderos símbolos de unidad.
Los códigos de la fe no son los mismos códigos de las razones intrascendentes que motivan las negociaciones entre hombres y naciones desde el punto de vista exclusivamente material. Los códigos de los líderes de la fe difieren mucho de los códigos de los líderes del poder económico mundial. Varios de los evangelizadores antes mencionados murieron en el martirio como se cree que es el caso de Antonio de Montesinos. Su remuneración no estaba en este mundo. No se trata de una fe vacía, sino de una fe al servicio de la voluntad de Dios que es necesario descubrir en la oración. No es locura sin rumbo. Es un don recibido que identifica a los hombres que se han decidido a seguir el camino de Cristo.
