Transcurre medio año en que el crecimiento económico del país se ve comprometido por la disociación crónica que enfrenta intereses sectoriales con medidas políticas en un marco coyuntural que deja pasar las grandes oportunidades que ofrecen los mercados mundiales a la oferta alimentaria, en particular.

El cortoplacismo de las disputas impide instrumentar las estrategias necesarias para consolidar nuestro potencial agropecuario y agroindustrial para proyectarlo a mercados que no se han cerrado para la Argentina sino que los hemos abandonado por las desinteligencias entre los sectores público y privado. Nadie comprende, si se tiene todo a favor, por que nos empeñamos en oscurecer el horizonte de posibilidades creando conflictos, ya que cada enfrentamiento entre los actores principales significa un freno que entorpece los ciclos agrícolas ante el desaliento del productor a la hora de invertir por la incertidumbre en las reglas de juego y la orfandad para asumir la competitividad estratégica que demandan los compromisos internacionales. Sin un marco político adecuado, es imposible atender mercados que parecían cautivos, recuperar los perdidos y penetrar en aquellos de demanda insospechada de productos que estamos en condiciones de proveer. Claro que estas oportunidades no se logran sin un adecuado planeamiento interno, de manera de alcanzar liderazgos con responsabilidad y eficiencia productiva. Sin estos factores de crecimiento no se explicaría que Estados Unidos, Brasil, Suiza u Holanda, para citar ejemplos conocidos, estén entre los primeros países abastecedores de alimentos, no obstante la disparidad del tamaño de sus territorios. Este liderazgo se explica en el trabajo conjunto para fortalecer la capacidad de coordinar una cadena de valor detrás de cada producto o de servicio que ofrecen simultáneamente en los mercados interno y externo, de manera de mantener las ventajas competitivos frente a sus competidores y, además, atendiendo las exigencias y variantes del consumo.

Por eso ellos no tienen temores a las importaciones de productos ocasionalmente baratos, ni tampoco el cliente del mercado doméstico corre riesgo de ser desabastecido por priorizar las exportaciones. Lo que importa son los aspectos estructurales como base de una estrategia de país pensada en el crecimiento y el desarrollo.