La ciencia, a través de precisas observaciones, puede establecer el “momento” concreto en el que el ser humano comienza su propio ciclo vital. Con la fecundación, queda determinado el nuevo proyecto-programa, único e irrepetible, de 46 cromosomas que individualizan al recién concebido otorgándole su “documento de identidad” o “huella genética” inconfundible, una identidad específicamente humana.

Del genoma de un vegetal surge un vegetal, del mismo modo, del genoma de un ser humano surge un ser humano. Esto es un hecho científico con demostración experimental. No se trata de un argumento metafísico o de una hipótesis teológica, de una teoría sociológica o de una ley positiva, de una moda imperante o de una “bandera” ideológica. El embrión, desde la fusión de los gametos, no es un “potencial” ser humano, sino que es un real ser humano.

No hay cambio de especie a lo largo de la embriogénesis. En ningún momento hay pérdida de la identidad humana.

Óvulo y espermatozoide son células humanas pero son incapaces por sí solas de originar un ser humano. El cigoto, por sí mismo, y debido a su dinamismo interno, puede desarrollarse a término. Es vida, pues posee movimiento propio. Es capaz de metabolizar y autoperpetuarse. Es vida humana distinta del padre y de la madre y jamás puede no ser humano para llegar a ser humano.

El centro biológico o estructura coordinadora del embrión, es el genoma de que está dotado. Este es el que posee la información para su realización gradual y autónoma, por el que se construye a sí mismo. El desarrollo biológico sigue un camino continuo e irreversible en el que todos los “momentos” del embrión son necesario e importantes para el proceso formativo. No hay cambio de especie a lo largo de la embriogénesis. En ningún momento hay pérdida de la identidad humana. La primera semana de vida la transcurre en la trompa de Falopio. No se observan saltos cualitativos en el desarrollo.

La implantación endometrial ocupa la segunda semana de vida del ser humano y no agrega algo esencial al embrión salvo el hábitat para el desarrollo. La aparición de la línea primitiva es tan necesaria como la aparición de cualquier otra estructura embrional.

La Bilogía y la Genética muestran que el desarrollo del embrión presenta un proceso continuo, coordinado y gradual. Continuo, pues es siempre el mismo individuo que transcurre una sucesión interrumpida de hechos interconectados y continuos, sin etapas o compartimientos estancos. Coordinado, ya que la actividad molecular y celular es comandada por el genoma ordenadamente, asegurando el tiempo, el lugar y la especificidad de los eventos morfogenéticos, según el proyecto-programa intrínseco y autónomo. Gradual, pues el ser humano se autoconstruye imponiéndose a sí mismo la dirección del crecimiento según el diseño inscrito.

Por lo tanto, sentada la realidad científica que el embrión es un ser humano, ante la evidente humanidad del embrión, la interrupción del proceso de gestación es un atentado contra un individuo viviente y su derecho a la vida.

Llama poderosamente la atención que, quienes se muestran como “paladines” de los derechos humanos no duden en pedir la pena capital para los niños y niñas por nacer. ¿Cuál es su delito? El existir.

El derecho a la vida y a la integridad física del niño por nacer, desde el primer instante de la existencia, debe ser resguardado por el Estado, en virtud del principio de la igualdad.

 

Ricardo Sánchez Recio  –  Licenciado en Bioquímica. Orientador Familiar. Profesor de Química.