Mientras siguen las negociaciones entre Argentina y los "holdouts”, que obtuvieron un fallo favorable en Nueva York para ser compensados con 1.330 millones de dólares más intereses, y la campaña mediática de los acreedores con una estrategia de desprestigio contra nuestro país, siguen las adhesiones internacionales de apoyo a las autoridades argentinas por la firmeza con que encara el problema.

También es relevante el análisis de especialistas que observan los acontecimientos desde una tercera posición, en este embate de los "fondos buitres”, tras obtener el fallo favorable en Nueva York del juez de la Corte de Manhattan, Thomas Griesa, que dio lugar a las diligencias actuales. Ante este panorama, el economista mexicano Carlos Marichal Salinas ha llevado la evaluación del caso argentino al plano internacional donde plantea lo que califica como un profundo dilema existente entre soberanía nacional y globalización financiera.

Señala que los bonos públicos al venderse se convierten en títulos privados, que en determinadas circunstancias en objeto de gigantescas especulaciones que pueden desencadenar bancarrotas de los Estados deudores. El economista recuerda que en 2011 y 2012 España, Portugal y Grecia estuvieron sujetos a este tipo de especulaciones por parte de bancos e inversores, que se beneficiaron de las abruptas subas de tasas de interés de los bonos soberanos.

Dice que en algún momento se temió en la Unión Europea que podría producirse una bancarrota soberana y, por consiguiente, el hundimiento de la moneda común, el euro, pero la intervención del Banco Central Europeo fue factor clave en disipar la burbuja de la especulación y el peligro de default.

Sin embargo el fantasma de la deuda sigue al acecho y no tardará en regresar si no se adoptan medidas de fondo para erradicar este problema que lesiona la supervivencia y la legitimidad de las democracias contemporáneas. Precisamente por ello, el debate sobre las deudas públicas no dejará de acrecentarse en el escenario nacional e internacional basado en las consecuencias del problema argentino.

Una de ellas fue haber marginado a nuestro país de los mercados de capitales internacionales, no obstante haber pagado

puntualmente el servicio acordado de la deuda externa en los últimos diez años, lo cual ya ha representado una transferencia de más de 100.000 millones de dólares a los tenedores de bonos y una reducción considerable de nuestro endeudamiento con los organismos multilaterales de crédito.