Los resultados de las últimas elecciones en España han dejado varias lecturas, pero quizá haya una que podemos hacer más claramente desde este lado del mundo. Los españoles no creen en las soluciones apresuradas a las crisis económicas, entre otras cosas porque son europeos y conocen de trances y privaciones para salir de ellas. Además, no olvidan que tras la Segunda Guerra Mundial no pudieron disponer del Plan Marshall (European Recovery Program) que ayudó a acelerar el renacimiento económico de 18 países de Europa Occidental, y que, además, está fresco lo sucedido en Grecia donde un joven político, Alexis Tsipras, con aires populistas, logró convencer en campaña electoral a los griegos de que tenía una solución rápida y dulce, y cuando llegó al poder demostró que no podía dar la mayoría de esos pasos felices que prometió para sacar en un santiamén a los ciudadanos de una honda crisis económica.

Por eso, cuando vieron que un personaje como Mariano Rajoy, no precisamente atractivo, viene rescatando al país de manera lenta pero real tras la penosa herencia que recibió de José Luis Rodríguez Zapatero, pobre discípulo del prestigioso líder socialista Felipe González, decidieron darle un mayor apoyo que el recibido en diciembre del 2015, más allá de que no fuera el suficiente para obtener mayoría en Diputados. O sea, más vale pájaro en mano que cien volando. Podemos, el partido hijo del fenómeno de los ‘Indignados’ vendía su producto como la llave para ‘salir de la austeridad’, como si con ello se pasaría velozmente a un mayor consumismo, a planes sociales sin medida y a subsidiar engañosa y costosamente los servicios públicos como la luz, el agua y el gas, al mejor estilo de Venezuela y otros países latinoamericanos, donde se llegó a desconocer cuál era el costo real de vida. Es decir, pan para hoy y hambre para mañana.

Para Rajoy está siendo difícil sumar apoyos que le proporcionen esa mayoría necesaria que, en manos del jefe del Estado, el rey, le permita formar gobierno, tras la constitución del nuevo Parlamento, el 19 de julio próximo. Y a la espera de esa fórmula que inevitablemente se tendrá que dar, aunque para ello necesite sumar a una decena de pequeños partidos, el español medio o como ellos lo llaman, ‘el españolito de a pié’, tiene todas sus esperanzas puestas en la nueva gestión del Partido Popular (PP). La mayoría de los ciudadanos españoles, los que suman los escaños del PP, el Partido Socialista Obrero Español y Ciudadanos, no pensaron un instante en dejar el destino del país en manos populistas. ¿Qué significa esto? Que, como acabamos de ver, el ejemplo de Grecia está cerca en el tiempo y en el espacio y que también lo está el de Alemania, que supo enfrentar la crisis regional e internacional de los últimos años con armas similares a las que le permitieron salir en poco tiempo del desastre en que quedó sumida tras el nazismo y la Segunda Guerra Mundial. Es decir paciente y sólidamente. ¿Merece el pueblo sufrir los errores de sus gobiernos? Por supuesto que no, pero tampoco que para salir de ellos se lo engañe con medidas y datos económicos que no responden a una seria planificación para el presente y el inmediato futuro.