"Una palabra no dice nada, y al mismo tiempo lo esconde todo”, bellísima canción que forma parte de la película "El fuego de la venganza”, es interpretada por el cantautor cubano Carlos Varela, y resume ese secreto que poseen las palabras en su esencia.

Sin más prólogo deseo referirme a la celebración de el "Día del Español” a recordarse mañana, por ser el sábado más cercano al solsticio del verano europeo.

Desde el año pasado se celebra el Día del Español con diversos actos culturales, y en un portal de web (Instituto Cervantes de Madrid) se puede participar escribiendo la palabra favorita, y de esta forma se irá configurando por medio de votación la palabra preferida de nuestro idioma en "Las palabras de El Día E”. A diez días de inaugurado el portal se superaron las 1.000 palabras, además de las 344 palabras inventadas, 34 videos, y 70 pictogramas. Hasta el momento un participante de Argentina preside el "juego del español” un divertimento de palabras cruzadas. El año pasado, 73.000 usuarios de 123 países visitaron el portal y configuraron un diccionario de palabras favoritas con 3.000 entradas, además de un "diccionario” de vocablos inventados con más de 2.120 términos. Sin olvidar que el español es la segunda lengua materna del mundo por número de hablantes, el segundo idioma de comunicación internacional y el tercero más utilizado en Internet, y que además posee una riqueza en su configuración, y en el empleo que hacemos día a día los hablantes al conservarlo y difundirlo.

Sabemos que como hablantes hacemos uso de nuestra lengua y elegimos términos que por asociación a nivel afectivo preferentemente sentimos cierta predilección. La lengua "como fenómeno natural posee variedad según diferentes zonas, lugares, también la hay dentro de la misma comunidad entre los diferentes hablantes, y esta variedad es un rasgo intrínseco, y así puede imperar la predilección de algunas voces en relación a otras”. Nosotros somos los que elegimos un término en relación a otros que tengan el mismo significado, aunque en el contexto y pronunciación alcancen una personalidad propia, es ni más ni menos la dimensión que le otorgamos.

Hay que considerar que a través del idioma damos a conocer nuestro pensamiento, y de la misma forma conocemos la ideología de una persona, a través de su discurso.

Además de poder exponer nuestras ideas, el idioma nos brinda una posibilidad que no deja de ser significativa, me refiero al hecho de transmitir nuestros afectos, pues es la palabra la que condensa nuestro sentir, nuestros mimos expresivos vivifican a quienes nos rodean. Pero nuestras vivencias interiores también se desbocan en expresiones agresivas, al pronunciarlas con énfasis, para intimidar, menospreciar, insultar, y son el reflejo de la ira, la bronca, y el enfado.

Por otra parte las palabras desde la antigüedad han estado ligadas con la religión, en los ritos, ceremonias, y a través de la reiteración hablan de la necesidad del ser humano de comunicarse con una divinidad. La oración renueva nuestras esperanzas, y devoción a Dios, cuya figura se hace presente a través de la evocación que hacemos, nos contiene en situación difíciles y nos ampara constantemente.

Así la realidad designada a través de una voz cobra vida, y a nivel particular le otorgamos un matiz especial, nuestros miedos nos atrapan en sobresaltos y la angustia nos invade con tan sólo evocar un término que designe algo que rechazamos y

despreciamos en algunos casos.

También los apodos con matices cariñosos, e inclusive despectivos, son comunes y usuales ya en nuestro ámbito familiar que desde pequeños nos acompañan, que pueden cambiarse en la adolescencia, pero lo más probable es que los mantengamos y sean nuestra identidad con la que nos relacionamos con nuestros amigos. Pensemos en los famosos, a los que se los suele bautizar con nombres que los individualizan, tal el caso de la "Pulga” para referirse a Messi, (que en España es más conocido por el Pichichi de la Liga) el "Muñeco” Gallardo, la "Gata” Fernández, y la lista sería interminable, no sólo en el fútbol, además se vivencia especialmente en el ambiente artístico.

Las palabras "brillan como perlas de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío”. "Todo está en la palabra”, nos dice el poeta Pablo Neruda. La magia está presente, cautivamos por medio de palabras, la seducción se evidencia a través de ellas.

Por cierto en verdad hay palabras simples, eróticas, interminables, tiernas, brillantes, vacías, dulces, agresivas, románticas, especiales, clásicas, libres, crueles, arcaicas, abstractas, importadas, auténticas, mágicas, únicas, frágiles, poderosas, inesperadas y desde luego también hay palabras poéticas, que como en un parteluz se proyectan irradiando claridad, cuyo brillo por momentos no alcanzan total plenitud. Es la metáfora que refleja nuestra existencia en el devenir del tiempo.